A Guari Morilla, la eterna defensora

La mayor de las Morilla
se echó el mundo por montera,
siempre está pa quien lo pida,
no solo las causas perdidas,
yo creo que para cualquiera,

Si estuviera en el despacho,
con horario de ambulancia,
se está apretando los machos,
leyendo legajos por cachos,
defendiendo al populacho,
y yo arriendo las ganancias,

Esta abnegada jurista
más que mirarte te estudia,
es de esa gente altruista
que algo bueno preludia,

Y tiene en Julia y Aurora
su báculo y su consuelo,
dos chiquillas soñadoras
que estudian a todas horas
y tienen los pies en el suelo,
porque de niñas, otrora,
ella les dio su desvelo,

y lo que ella aún ignora,
es que unos rizos de pelo
en la nube se acomodan
y la observan desde el cielo,

ufano por esta señora,
por su cuidado y su celo.









A Soraya, la sonrisa responsable

Quieren saber quién es Soraya,
es la que mete tus datos
en un entorno canalla,
observa, teclea y calla,
y si a veces para un rato
para dejar la pantalla,
es para atarse el zapato
y seguir con la batalla,

Así le ha enseñado Ignacio,
que siempre fue buen profesor,
y siempre ha sido reacio
a poner un San Pancracio, 
él dice: constante y despacio,
y evitar cualquier error,

Son cirujanos de rentas
que no pueden fracasar,
así que ella se sienta
y mira al maestro atenta
sabiendo que va a aprobar,
que en esta vida cruenta
con el apoyo de él cuenta
para poder trabajar,
y no porque él la mienta,
sino porque ella fomenta
el que él pueda confiar,
y encima me llama contenta,
y me explica y me comenta:
¡este año no sale a pagar!

Y esta es la Cenicienta
que por el despacho entra
y el Príncipe ya da igual,
el zapato puso en venta
y es feliz con los Leal.

A Beni, la Sabia a la sombra

Detrás de todo gran sabio
hay una sabia paciente,
que fue a comprarle el diario,
y controlaba el erario
de una manera prudente,

Oculta entre los fogones,
entre ollas y sartenes
fue guardando los doblones
y criando a tres pelones
entre guardias y retenes,

y hoy ambos, sabio y sabia,
preparan su paraíso:
será otra especie de Babia,
sembrando melisa y savia
y donde ya no habrá guisos,

con un tótem en la entrada
justo en el mismo centro,
que diga en letras grabadas:
¡deja el escudo y la espada,
aquí no hace falta nada,
estamos al fondo, dentro!