Donde crece la melisa (o el retiro del sabio)

Cuentan que hubo un sabio
que un buen día se retiró,
y haciéndonos un agravio,
calló y cerró sus labios
… y en Monda se recluyó.

Donde crece la melisa,
se mesa su barba rala,
y dicen que vive sin prisa
en bermudas y en camisa,
y ya nunca se acicala,
mientras la papela plisa
y el humo tranquilo inhala,

y creo que así, de esta guisa,
con una vetusta sonrisa,
lo pillas pensando en nada.

                             (A Ildefonso)

A Eduardo Urbano o la esperanza de Sillitoe.

Le gustaba el whisky Dyc
y la Mahou bien tirada,
la última vez que lo vi
... nunca me despedí
por si el tiempo nos cruzaba.

Edu era un madrileño 
que encajó bien en Marbella
cuando éramos pequeños,
y aún escribías los sueños
dentro de una botella.

Un portento pal deporte,
una sonrisa castiza,
yo espero que no le importe
que estos ripios le recorte
y no acaben en ceniza,
por cuando yo iba a la corte,
y tocando el picaporte
siempre daba la paliza.

Yo le dejé un cuento
que aún no me devolvió,
un corredor al viento,
que aún seguirá leyendo
y que al final lo forjó,
(y Sillitoe está contento
porque Edu lo acogió)

Espero que no esté viejo,
cuando pronto vuelva a verlo,
y rompamos la baraja,

y allí con "Corre, conejo",
dos cervezas de estraperlo
por la Plaza de la Paja.






A Jesús Infantes Correro, el Springsteen español

Hacíamos judo juntos
cuando éramos dos chiquillos,
cuando eras feliz y punto,
cuando no había más asuntos
que vagar con el hatillo,

Tenía una sonrisa franca
que debe seguir teniendo,
ansiaba tener una banda
y hacer carretera y manta
cuando diera los conciertos,

Silbaba Radio Futura
mientras sacaba el kimono,
y tocaba partituras
sentado en la misma postura
hasta que encontraba el tono,

Y es que hay gente en esta vida
que vaga con rumbo perdido,
y hay otros que ya en la salida
enfilan por la avenida
con su sueño ya elegido,
con una guitarra ceñida,
dos púas descoloridas
y saben a qué han venido.