A ENRIQUE TEIGELL (o cuando alguien es mucho más sencillo que su apellido)

Tras una rufiana perilla, 
como en el siglo de oro, 
viales y jeringuillas 
manipula sin decoro.

Y agachado en cuclillas,
escondido como un moro,
él saca de su taquilla 
su más codiciado tesoro:
una vieja petaquilla,
un recuerdo de Montoro
con ginebra de Melilla 
y 2metil - 3dicloro.

Hoy al soplar las velillas,
y yo eso lo corroboro...,
su mujer y sus chiquillas 
podrán flamearle los poros.

Enrique, persona sencilla,
un amigo al que yo añoro,
Hidalgo Mayor de Castilla,
un paladín del decoro,
garbanzos en redecilla,
cocido que rememoro.


11 de diciembre de 2019

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