A IGNACIO LEAL (o cuando lleguemos a ese río, cruzaremos ese puente)

Con esos ojitos azules,
esa sonrisa tan pura
y esa carita de pillo...
si él fuera monaguillo,
ten seguro, no lo dudes,
que en un descuido del cura
se llevaría el cepillo.

Pasta fresca en la nevera,
sus tebeos de Tintín,
que ganen en La Palmera,
las olas que no tienen fin.

Escribir con tranquilo trazo,
hacer buena pasta al dente,
andar por la playa descalzo
y a resguardo del relente.

Reírse con los amigos,
y si puede, meter cizaña,
eterna sonrisa consigo,
y ¡Noe, pídame otra caña!

Siempre atento y dispuesto
haciendo aquello que toca,
nunca te pone un mal gesto,
aunque le rompas la ropa.

El día que nos encontremos
te lo cuento más despacio;
pero creo que así más o menos
debe ser mi amigo Ignacio.


26 de diciembre de 2018

Deja un comentario