A la vejez, la barbita, siempre los ojos de pillo, con esa eterna carita del modoso monaguillo que a solas pillaba la guita ... y vaciaba el cepillo. De pijo pasó a pandillero, de pandillero a tranquilo, de tranquilo a echar de menos los tiempos que, de soltero, cerraba el bar con sigilo. Un tío cachondo y sincero que yo veo, ¿non e vero? entre Sófocles y Esquilo. Otro que cumple cincuenta, y yo sé bien lo que digo. En esta vida cruenta triunfa quien nunca aparenta y tiene unos cuantos amigos. 7 de octubre de 2020

