A JUANMA BAUTISTA

 Tras unas gafas de pasta,
 como otro Roberto Bolaño,
 simpatiza con la casta
 mas es mochilero huraño.
 Y como el rollo que se gasta
 mientras estás en el baño,
 su simple ausencia te basta,
 para hacerte mucho daño,
 y al final lo echas en falta
 aunque te parezca extraño.
 

 Juanma tiene la cara
 de un bajo o de un tenor,
 y de aquél que no dice nada
 si estáis en el ascensor.
 

 Del picoleto malaje
 que se pone en los radares,
 y del amigo fiel, como un paje,
 con el que cierras los bares.
 

 Del que se cuela en la cola,
 del bibliotecario sieso,
 del que tiene una escayola
 y nadie le firma en el yeso.
 

 Del taxista que no habla
 mientras te cruza Sevilla,
 y te cobra ochenta euros
 vacilón, por la patilla,
 por recogerte en Nervión
 y llevarte a Enramadilla.
 O del que llegó al avión
 y altivo desde el rincón
 se sentó en tu ventanilla.
 

 Pero detrás de ese escudo
 y esa pinta de malaje,
 justo detrás del nudo,
 de la corbata y del traje,
 hay un tipo cojonudo,
 buen compañero de viaje,
 que me animó cuando pudo
 a aguantar este oleaje.
 

 Hoy cumple cuarenta y cuatro
 y yo le regalo estas rimas.
 Se las cambio por un rato, y
 una Cruzcampo en la esquina.
 

10 de septiembre de 2018

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