Tras unas gafas de pasta, como otro Roberto Bolaño, simpatiza con la casta mas es mochilero huraño. Y como el rollo que se gasta mientras estás en el baño, su simple ausencia te basta, para hacerte mucho daño, y al final lo echas en falta aunque te parezca extraño. Juanma tiene la cara de un bajo o de un tenor, y de aquél que no dice nada si estáis en el ascensor. Del picoleto malaje que se pone en los radares, y del amigo fiel, como un paje, con el que cierras los bares. Del que se cuela en la cola, del bibliotecario sieso, del que tiene una escayola y nadie le firma en el yeso. Del taxista que no habla mientras te cruza Sevilla, y te cobra ochenta euros vacilón, por la patilla, por recogerte en Nervión y llevarte a Enramadilla. O del que llegó al avión y altivo desde el rincón se sentó en tu ventanilla. Pero detrás de ese escudo y esa pinta de malaje, justo detrás del nudo, de la corbata y del traje, hay un tipo cojonudo, buen compañero de viaje, que me animó cuando pudo a aguantar este oleaje. Hoy cumple cuarenta y cuatro y yo le regalo estas rimas. Se las cambio por un rato, y una Cruzcampo en la esquina. 10 de septiembre de 2018


I really appreciate the way you capture Juanma’s complex personality.
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