A ANTONIO TRUEBA (o resurgiendo de las cenizas para enseñar)

Un día le cambió la vida 
en un accidente de coche. 
Un derrape, una salida, 
un volantazo en la noche.

Salieron cinco, ĺlegaron cuatro,
y al despertar de mañana
sin haber pegado ojo,
allí ya no huele a tabaco,
y Antonio no siente ganas 
de tirar de sus despojos.

Deambula muerto de sueño,
no quiere seguir con su vida;
pero dos niños pequeños 
desde la cama le miran.

El padre salva a los niños, 
o quizás es viceversa,
los abraza con cariño
y sus cabellos les mesa.
Al destino le hace un guiño: 
¡Amigo, sácame de esta!

De eso hace ya muchos años,
mucho tiempo ya ha pasado, 
después de ir peldaño a peldaño, 
ha crecido su rebaño
y el sosiego se ha ganado.

Y no porque tuvo suerte,
más bien porque lo luchó,
o quizás por los enanos... 
o quizás porque a los fuertes, 
como dijo un día Picasso,
les pilla la inspiración
con un pincel en la mano.

Qué suerte que alguien un día
se te cruce por tu vida, 
y te enseñe que la VIP,
no es una meta ni un fin,
al contrario, es la salida.

Y qué mejor que a enseñar
se dedique un buen docente,
qué mejor que a motivar
se dedique un resiliente,
qué menos que yo enviar 
esta especie de presente
a alguien tan especial
que conocí de repente.
Y me enseñó a no juzgar 
pues la vida te sorprende.
Y hay quien parece genial
... y además es un valiente.

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