Un día le cambió la vida en un accidente de coche. Un derrape, una salida, un volantazo en la noche. Salieron cinco, ĺlegaron cuatro, y al despertar de mañana sin haber pegado ojo, allí ya no huele a tabaco, y Antonio no siente ganas de tirar de sus despojos. Deambula muerto de sueño, no quiere seguir con su vida; pero dos niños pequeños desde la cama le miran. El padre salva a los niños, o quizás es viceversa, los abraza con cariño y sus cabellos les mesa. Al destino le hace un guiño: ¡Amigo, sácame de esta! De eso hace ya muchos años, mucho tiempo ya ha pasado, después de ir peldaño a peldaño, ha crecido su rebaño y el sosiego se ha ganado. Y no porque tuvo suerte, más bien porque lo luchó, o quizás por los enanos... o quizás porque a los fuertes, como dijo un día Picasso, les pilla la inspiración con un pincel en la mano. Qué suerte que alguien un día se te cruce por tu vida, y te enseñe que la VIP, no es una meta ni un fin, al contrario, es la salida. Y qué mejor que a enseñar se dedique un buen docente, qué mejor que a motivar se dedique un resiliente, qué menos que yo enviar esta especie de presente a alguien tan especial que conocí de repente. Y me enseñó a no juzgar pues la vida te sorprende. Y hay quien parece genial ... y además es un valiente.


Bravo! A José Manuel por la vida, y al artista por contarla!
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