A Hugo, mi hijo

Le di la mitad de su vida 
con una semilla que puse,
le doy ropa, la comida,
sus clases a la salida,
los libros, los autobuses.

Le pago hasta donde llego,
sin carencias y sin lujos,
siempre fuimos padres ciegos
que cogimos gran apego
a nuestras legas y legos
por algún extraño influjo.

Todo eso es cierto, pero
con solo un abrazo suyo,
... ya le llevo yo dinero,
y lo que le doy es cero,
ya sabes a qué me refiero,
la verdad de Perogrullo:

¡no vale el abrazo sincero
que me regala el capullo!





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