
Luce su eterna sonrisa en menos de un metro setenta, champán sobre una repisa, ostras que ella revisa, un sitio que vale una misa, y una dueña siempre atenta. Y lo demás son bobadas, y a estas alturas del juego, yo ya no creo en las hadas, prefiero una buena añada y un condumio con sosiego. Dejó su tiempo en el banco, añorando el del Frutero, y hoy regenta un tabanco, un Bujío entre dos flancos la hija de aquél librero... hoy creo que le caen taytantos, hasta vernos, entretanto, ... va este regalo sincero.


Buenísima,……..ruta de la tapa hoy en Guaro
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