La cajera

La vi cobrando en la caja,
un sábado ya muy tarde,
cuando uno se relaja,
cuando ya nadie trabaja,
salvo el que curra de balde,

tenía la cara cansada
y las manos hechas triza,
con las gafas empañadas
me miró muy educada,
resurgiendo de la nada,
naciendo de las cenizas,
con una chapa doblada
enganchada en la camisa,

pasó códigos de barra
y me ordenó los avíos,
era una humilde cigarra
que a su trabajo se agarra
para así evitar el frío,

me dijo treinta con veinte,
yo treinta y uno le di,
dio un gracias entre dientes,
yo la miré de frente:
¡no, no, gracias a ti!

hoy déjenme que la miente,
espero que hoy haga puente
y pueda un rato dormir.






Un comentario sobre “La cajera

Deja un comentario