A Maika Macías, la peregrina noble.

Los conocí en el Camino
y me dejaron su huella,
puede que fuera el destino
o fuese el genio de Aladino
quien nos dio la mesa aquella,

donde cruzamos las vidas
en una mesa de Agés,
jugando nuestra partida,
siguiendo la flecha amarilla
al olor de unos cafés,

dicen que Maika anda mal,
que le ha fallado la cuerda,
que ahora justo al final
cuando no hay que trabajar
le llega una enfermedad
de esas que son una mierda,

y yo que la vi dos veces
quiero mandarle un abrazo,
darle las gracias con creces
por multiplicar los peces
con esa sonrisa que, a veces,
mejora el día de un plumazo,

... y que una peregrina
nunca se quita las botas,
el Camino no termina
cuando la cuesta se empina,

siempre hay una propina
pa quien aprueba con nota.



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