Los conocí en el Camino y me dejaron su huella, puede que fuera el destino o fuese el genio de Aladino quien nos dio la mesa aquella,
donde cruzamos las vidas en una mesa de Agés, jugando nuestra partida, siguiendo la flecha amarilla al olor de unos cafés,
dicen que Maika anda mal, que le ha fallado la cuerda, que ahora justo al final cuando no hay que trabajar le llega una enfermedad de esas que son una mierda,
y yo que la vi dos veces quiero mandarle un abrazo, darle las gracias con creces por multiplicar los peces con esa sonrisa que, a veces, mejora el día de un plumazo,
... y que una peregrina nunca se quita las botas, el Camino no termina cuando la cuesta se empina,
siempre hay una propina pa quien aprueba con nota.