A Dolores Navarro, la señora de Juanar

De pequeño me dijeron:
di ¡Gracias!
siempre que puedas,

hoy doy uno bien sincero
a Mujeres
de las Veredas,

el altruismo pionero
por las sendas
de Marbella,

hoy un lujo de senderos
y no lo que
antaño eran,

do campaban por sus fueros
¡Al final,
valió la espera!


y a la cabeza de todo,
alguien tirando del carro,
dispuesta a quitar los lodos
y que baje agua sin barro,

remangada hasta los codos,
… esa es Dolores Navarro.

Iñaki

Se queda con las tareas,
con la casa y con los niños,
con cuatro sillas de enea,
con el marrón y el pestiño,
sabiendo que las mareas
no pueden con el cariño,

con sus amigos de siempre,
con su miedo a naufragar,
con alguien que lo remembre
cada vez que algún noviembre
en la barra de algún bar
le digan que ellos le entienden
y ella le eche a faltar,

con los ratos que pasaron,
con la familia que hicieron,
porque no nos explicaron
que tan solo se alejaron
los que no se despidieron,

y los niños que quedaron,
para quienes naufragaron
... son el mejor madero.







El descanso de un Lord

En una ciudad gaditana
y apoyado en el bauprés,
enfilando la bocana
con el agua calma y plana
entra en casa un Lord inglés,
con Mari Carmen, su hermana,
y con Yvonne son siempre tres,

enfila la calle Real
y se dirige a su plaza,
no añora aquel Rent a Car,
ya se pudo jubilar
y en La Línea se solaza,
y ya olvidó que al final
no quería la capital
y le sirvieron dos tazas,

hoy sonríe viendo el Peñón
y sentado con su gorro,
con sus nietos , un montón,
y con sus hijas en corro,
y a ratos, de refilón,
recuerda con ilusión
sus ratillos en El Chorro,

y no sabe el navegante
que ha enseñado a disfrutar,
a gozar de cada instante
a los que vienen detrás
con ese estilo elegante
que tiene un Lord de verdad,

coja el gorro de Almirante,
... salga de nuevo a la mar.