Resulta que no son mellizos, resulta que son gemelos, y que con cielo plomizo, volviendo de algún bautizo con seis DYC cortos de hielo, la cigüeña, el voladizo... o no saben si los frenos, el azar o alguien quiso traerlos en dos pañuelos,
uno es Antonio, otro Carlos, son tela de buena gente, no sabrías diferenciarlos si quisieras intentarlo cuando los tengas enfrente,
y cuentan que una tarde, de esas tardes eternas en que huyen los cobardes y el valiente, sin alardes, sabe que pierde una pierna,
se escuchó una voz serena retumbando en Montellano que decía: "No tengo pena, solo quiero un alma buena que me traiga ya a mi hermano"
y eso merece un poema, y eso ahora es lo que hago.
La lealtad ya no se estila en estos tiempos veloces, ya todo el mundo asimila que se nos agotan las pilas y se va perdiendo el roce,
y hay quien se queda a tu lado y esas cosas te desarman, dicen que está estudiado... que este bien tan preciado nos reside en un costado, y al final decide el alma.