… lo de segundas veces
nunca valieron la pena,
se ha demostrado con creces
que depende de los peces
más que de la pecera,
Juanchu y Rocío se casan,
y la verdad, ya era hora:
(En un cole de una plaza
una niña se disfraza,
entre profes y tutoras,
se hace una herida rasa
y aparece una doctora,
y de un maletín con asas
con esparadrapo y gasas,
el tiempo, que raudo pasa,
trajo el amor sin demora),
qué suerte que tuvo él,
un manitas cascarrabias,
que entre martillo y pincel
supo encontrar la mujer
que soñaba en sus plegarias,
y que a Abril la supo ver
como amiga necesaria,
y ella a este cocinillas,
que hizo de Marta su hija,
y estudiaba sus cuartillas
sin moverse de la silla
y ahora tiene plaza fija,
… ella tuvo la suerte
de crecer en libertad,
por un padre bueno y fuerte
que hasta el día de su muerte
supo enseñarla a volar,
… él, la de una madre lista,
que un día le dijo a Rocío:
con un poquito de vista,
si el Juanchu no se despista,
tenemos boda y gentío,
hoy hay dos niñas felices,
dos padres y un ¡Sí, quiero!
que van a comer perdices,
que curaron cicatrices,
y que empezaron de cero,
… lo de segundas veces
nunca valieron la pena,
lo aprendes cuando envejeces,
y cuando un día amaneces
con los versos de un poema.