Sale al centro del campo, da dos pases al balón, sigue un rato paseando, y mientras él va fumando ya está tu móvil sonando: ¡mándame la previsión!, y en eso, el perro meando, ¡vamos p´arriba, Botón!,
se pone frente al espejo y se cepilla las greñas, ni tan joven ni tan viejo, relumbran los azulejos con su laca malagueña,
atiende a toda la gente, nunca tira la toalla, y vive el año impaciente por tener el mar enfrente y bajarse pa la playa,
sus dos colegas del cole, su abono que no traspasa, en su casa, sus dos soles, y si en el campo no hay goles, su tasca bajo su casa,
y a la luz de dos faroles un perro con dos bemoles que el corazón le traspasa.