En frente de la Alameda había un viejo café, donde estaba una escalera, cuando el mundo era de veras y no lo que ahora es,
mi abuelo pedía un cortado a aquel camarero elegante, y yo sentado a su lado me pedía un batido helado sintiendo que era importante,
algunos coches pasaban, pero no era lo de ahora, y la gente saludaba, preguntaba cómo estabas, y los señores paraban y cedían a las señoras las puertas pa que pasaran, y el toldo ponía Coca Cola, no había influencers majaras publicando a todas horas,
y cuando la cuenta pedía mi abuelo (que ya es difunto), su gorrilla se ponía, saludaba a todo el mundo y el camarero decía: ¡Adios, don Antonio, buen día, sabe más su señoría que Ramón y Cajal juntos!