A Raúl Hernàndez Hernández, el último de los guardeses de El Bosque

Llegando a la Villa de Béjar,
girando por donde Los Pinos,
detrás de una verja vieja, 
debajo de cinco abejas
un Bosquero genuino,

Arqueólogo reciclado,
en linajes erudito,
un ujier apasionado
de un gran tesoro olvidado,
de un palacete exquisito,
de un cenador loado,
donde se dice que, a nado,
llegó cada noche Cupido,

Y hoy estaràn orgullosos
los Duques desde su altar,
y en la Garganta del Oso
ya disfrutan en reposo
don Francisco y Guiomar,
sabiendo que un virtuoso
cuida del parque al entrar.



El abrazo, a Gaby y su padre (IN MEMORIAM)

La estirpe es aquello que queda
cuando uno ya se ha ido,
es la clase que se hereda,
la que uno un tiempo lleva
y luego cede el testigo,

es algo que no se pierde,
la estirpe no muere nunca,
es bueno que lo recuerdes
cuando esta vida te muerde,
y el alma entonces se trunca,

... y en algún lugar ahora
después del duro mazazo,
hay alguien que a deshoras
ve una foto y rememora
aquel emotivo abrazo.



La sonrisa de un valiente

Subía atravesando Castilla,
el sol estaba en el nueve,
el aire era una cerilla
y bajo una sombrilla
una escena me conmueve,

todos iban resoplando
hartos de tanto calor,
todos despotricando
todos buscando un mando
para poder ir bajando
aquel sol agotador,

y allí, bajo un viejo toldo,
en un puesto de melones,
sentadito entre rescoldos
y haciendo oídos sordos
a tantas lamentaciones,
un chaval bebiendo a sorbos
de un botijo sin tapones,

con una de esas sonrisas
naturales por castigo,
con el torso sin camisa,
... una tajada revisa
y el tío cachondo me avisa:
¡recién sacada del frigo!