A Víctor Küppers (o mi Vicky el Vikingo)

Pureta de ojos pilluelos,
sonrisa sincera y afable,
barbita con cuatro pelos,
bombilla no recargable.
Amigo en tiempos de duelo,
profe con pinta de abuelo,
bajará a lidiar al ruedo,
te echará si puede un cable.

Vikingo sin isla ni barco,
de ser feliz tiene llave,
más serio que el malo de Narcos
si lo encuentras en el AVE.

No ve de cerca ni lejos,
pero gusta a la afición,
el más joven de los viejos
del pueblo de Camprodón.

Alimaña necesaria ...,
volverá, no te preocupes.
Voy encendiéndome un Farias,
brindo por ti Víctor Küppers.
¿A dónde iríamos los parias
si nadie motiva a la troupe?

A Mamen Morero, 50º (o la niña en la cornisa)

Hoy cumple aquella zagala 
que iba siempre con mi Ana, 
y hablando y pelando la pava 
... cinco días a la semana, 
camino del Sierra Blanca 
subían por Valentuñana.

Tiene ella una sonrisa
que siempre precede a su voz. 
Recuerda de forma precisa 
cuando en mangas de camisa 
se incorporaba veloz,
y allí desde la cornisa,
entre curiosa y sumisa
veía a su madre ir a misa,
y a su padre a toda prisa 
como un Forrest Gump precoz, 
sin trabas ni cortapisas 
golpeándole la brisa
fugarse otra vez de su alfoz.

Le gusta el dulce de leche 
y los vinos de Mendoza. 
¡Que el 50 te aproveche, 
que te lleven en carroza, 
que nadie tus años te eche, 
baila, ríe, bebe, goza!

Hoy cumple aquella zagala 
que iba siempre con mi Ana, 
por si ustedes no lo saben.
Su Marchita, su buen cava, 
... disfrutar sin filigranas: 
Morero Peyrona, Mamen].

31 de octubre de 2020

A Corrales (lo mismo pa´ un roto que pa´ un descosío)

Con cara de esos que a veces
salen en los billetes,
sereno y tranquilo con creces
nunca lo ves en un brete

Se levanta antes del alba
y se va pal Cortesín
a preparar desayunos,

Buscando asuetos de calma,
psicólogo es ya por fin
con más de cincuenta y uno,

Sabe más que Sergio Dalma,
Fernández de Moratín,
y don Miguel de Unamuno,

Y mientras le tocan las palmas
se apoltrona en un cojín
y saca también el C1.


 Pero a mi lo que me asombra
 y es pa quitarse el sombrero,
 es cuando en su casa, en tromba,
 se atesta su porche entero,
 no pierde nunca la comba,
 las atiende con esmero,
 mientras les pone la alfombra,
 seis cañas y el cenicero,
 limpia, organiza y escombra,
 ya ha puesto al fuego el puchero,
 y aprovechando las sombras
 le sale un grito sincero
 si dijeron por las ondas
 que la Real marcó el primero.