Uno entre seis hermanos, familia de comerciantes, un trato afable y humano, un tipo de esos campechanos que heredaron buen semblante,
te atiende en el Mediodía, anda entre ostras y cavas, y encontró la melodía del que sabe la ironía de que lo bueno se acaba, y si no, es que no valdría, no valdría nada de nada, es por saber que expira que esta vida se te clava,
entre las mesas dibuja su ritmo, que nunca para, y es domador de burbujas que es profesión de las raras,
viene encima a mis poemas y me agradece la tarde, ¡era una tarde de pena y tus versos me serenan, escucharte no fue en balde!
Ya no llena los aforos que llenaba con Sabina, le entra el arte por los poros, calla hasta por los codos, te saluda en cada esquina, y tiene el genial decoro del que no juzga ni opina,
un señor en una silla que acaricia una guitarra, las letras de carrerilla y cuenta de forma sencilla las anécdotas que narra,
si escuchas atentamente y cerraras bien los ojos, ves que lo adora la gente, y que hace un Wizink Center a partir de los despojos,
yo no sé si habrá fumata o si el tiempo rebobina, yo no sé si hay Fe de erratas, yo no sé de qué se trata o si hay por medio inquina,
mas no habrá quién hoy debata que Pancho es, de forma innata, la guitarra de Sabina.
Tiene aún esa mirada de quien ha visto la muerte, y como tenía coartada fue inocente declarada y fue absuelta finalmente, sabiendo que lo que no mata te hace al final más fuerte,
un doctorado en doctora, un Forrest Gump excedente y necesitan sin demora un perro de esos que llora y que es mejor que la gente,
y tiene entre sus efectos a Bukowski, Yeats, Neruda, y algún poemario selecto por si un día le entraran dudas,
y junto a Whitman y sus hojas guarda Rosa una Regenta, y entre la mesa coja y la alfombra magenta hace hueco y desaloja pa un VíctorHugo70.