Poemas y Retratos

NOSOTROS JUGAMOS ST ANDREWS (o lucha por tus sueños)

Se mesa su tibio flequillo
y fija bien los talones.
Aunque no es ningún chiquillo
por fin le echó dos cojones
y ya está en el tee amarillo
mientras caen los goterones.

Se acerca despacio a la bolsa
y coge su hierro nueve.
Apuntando entre los bunkers
lo más afinado que puede
y casi no ve ni la bola
de lo fuerte que ahora llueve.

Qué sensación más extraña
y agradable cual ninguna,
gustarle a uno un deporte,
poder jugar en su cuna.

Mas al final se despierta
y se incorpora en la cama,
dejaron su puerta abierta
mientras su sueño soñaba.

Mientras sabe a ciencia cierta
que pierde el que no lo intenta
y se queda con las ganas.

27 de abril de 2012

A D. MIGUEL SOLANO (o todo el latín de mi pueblo)

Tenía en su haber 3 carreras,
y una mano de huesos rotos,
Miguel fue mitad pelotari
... y mitad hombre devoto

El tenía una academia
que se llamaba Cervantes,
donde se daban las clases
como se enseñaba antes

Todo el latín que en mi pueblo
se aprendió alguna vez
salió de aquella pizarra 
del bueno de don Miguel

Conmigo siempre fue
un señor como una casa,
y no se lo dije a tiempo
(estas cosas siempre pasan)
y yo ahora me arrepiento.

Por la mañana en Correos,
y por la tarde enseñando,
ha mucho que no lo veo,
por eso lo estoy recordando.

Lo imagino allí en el cielo
con San Pedro conversando,
que le ha encargado con celo
se encargue de los mozuelos
y siga el latín enseñando.

Y conociendo su desvelo,
seguro lo está petando,
tres dedos envueltos en hielo
pues hoy estuvo entrenando,
y en el aula algún revuelo
cuando ven al profe entrando.






A ÁLVARO DÍAZ BALLESTA (o ¡qué carajo es una siesta!)

De día eminente letrado 
con su chaqueta y corbata 
entre pleitos y batallas,

de tarde padre agobiado 
que se toma seis cubatas 
por no tirar la toalla...: 
No paran de darle la lata 
sus tres queridos canallas.

Tranquilo con el mayor,
le dio por pedir otro al cielo, 
y puestos a hacerle el favor 
le mandaron dos gemelos, ... 
y de un caldo sin sabor, 
tiene una olla al vapor
con caldo, lacón y grelos.

Cuando llega al fin la noche 
y sus vástagos descansan, 
le pone al día su broche,
y cantando es un derroche 
con su guitarra y su chanza.

Y yo estoy del todo seguro, 
aunque aún nadie lo sabe, 
que buscaría dos canguros, 
que quemaría sus naves, 
que cruzaría al lado oscuro 
y llegaría hasta el Hades,
y aunque no le den un duro, 
aunque Arturo no le pague, 
él vendería su futuro
por currar tocando en bares 
cantando allí sin apuros
por Springsteen o Mick Jagger.

¡Y si al final soy perjuro, 
que la cerveza se acabe!