Poemas y Retratos

Qué sabio

¿A dónde marcha el viento
cuando cesa?
¿A dónde van las olas 
cuando rompen?
¿Qué pasa con los besos
que no besas?
¿Y qué con los silencios 
que se esconden?

¿A dónde van los niños 
que un día fuimos?
¿A dónde van los ratos 
que gozamos?
¿Porqué existen siempre 
dos caminos?
Y ¿quién cierra la puerta 
si nos vamos?

¿De dónde vienen todos 
mis instintos?
¿Quién coño inventaría 
la pereza...?
Qué sabio el que inventara 
el vino tinto
Y el primero que enfriara 
una cerveza

El Mendigo

Ocho de la mañana,
uno con veinte en el plato,
el mendigo mira al cielo,
se incorpora aún con ganas,
le peina a Sultán el pelo
y bebe el café barato.

En la puerta de la escuela,
un Jaguar para deprisa
y un niño baja del coche.

Aún en la duermevela,
baja sin una sonrisa
y esconde su cara en la noche.

Ayer con mucha cautela
vió desde la cornisa
a su padre hecho un fantoche

y a su madre con dos muelas
por el suelo hechas trizas:
su impotencia es un derroche.

El mendigo abre su lata
y escoge una buena colilla.
Prende al pasar por su barba
su penúltima cerilla
y hace una O en el aire
con Sultán en las rodillas.

Es domingo, compañero,
le dice dándole un beso,
y aunque estemos sin dinero,
yo no miento, ¿non è vero ?:
Hoy tendrás un noble hueso
pues tú eres lo primero.

Son las ocho de la tarde.
y sale de la oficina
un hombre con mucha clase
vistiendo con gabardina.

Se lleva la mano al pecho,
ha vuelto el conato de infarto
y se apoya en una esquina.

El dinero que le ensalza,
el estrés que le asesina,
echa cien euros al plato,
que para él son propina,
envidia a mendigo y a perro
y al amor que se destilan.

El mendigo mira a Sultán
y este asiente poco a poco.
¿Quién es más loco al final,
en este mundo de locos?

A HUGO, 13 años (o el arte de darte abrazos)

       Si alguna vez te parece
       que me ves distante y frío,
       grítame dos o tres veces,
       que para eso eres un crío,
       y un niño no se merece
       haber a este mundo venío,
       pa' que un adulto le deje
       ni un rato desatendío.
 

       Y que sepas y recuerdes,
       que yo cada día te espero;
       me gusta que me despiertes
       y ese mirar tan sincero,
       esos ojos, que me pierden,
       y muchas más cosas, pero...
       No hay nada que más recuerde
       que allí junto al paragüero,
       con una pelota verte
       cuándo tentabas la suerte,
       y dándome un tirón fuerte
       me decías : ¡Tú, de portero !
       Y nada más yo ponerme,
       ya ganabas uno a cero.

       Ante tus brazos, inerme,
       disfruta, hijo, ¡Te quiero!


16 de junio de 2019