A Álvaro de la Cruz, o a ritmo de baquetas

... lleva la risa consigo,
nunca sabe dónde aparca,
feliz tras un objetivo,
disfruta cuando te encuadra,
creo que es feliz por castigo,
y junta a aquellos amigos
con los que tuvo una banda,

voló a Santiago de Chile,
allí conoció a su pareja,
y de su madre recibe
un mensaje que le aqueja:
tu padre ha encargado ¡ dile
que le quiere quien le escribe,
si despertar no me dejan !,

volver, y volver pa volver
con Yarolay y con Guillermo,
después de Martín nacer
y así ser testigo pa ver
qué es el esfuerzo materno,

y aún retumban por Barco
el sonar de las baquetas
de aquel que cruzó el charco,
puso la vida en un marco
y triunfó con Los Saeta,

es en bolígrafos parco
... y nunca lleva libreta.



¡Juventud!

Hoy he leído en los foros 
una frase verdadera:
"Vejez, divino tesoro,
la juventud la tiene cualquiera"

(... y es cierto)

Pero no es menos mentira
que al final de los ochenta
nos tocó nuestra movida,
aunque ahora no te acuerdas,

la vida no se acababa,
el tiempo era un gotero,
cuatrocientas carcajadas
con tres litronas por barba,
un bañata y un sombrero,

no había una puta pantalla
a la que nunca miraras,
había unos cuantos canallas
que esperaban en la playa
a que tú también bajaras,

y hoy que vamos para viejos
(no sé si tarde o temprano)
lo cierto es que no me quejo
porque aún veo por el espejo
la foto de aquel verano,

y la miro sin complejos
sabiendo que disfrutamos.







A Natalia Martín García

Son ya trescientos cuarenta
lo que llevo de Retratos,
y es entonces que echo cuenta
que por más que uno lo intenta,
sigo siendo un tipo ingrato,
hasta que hoy en una cuesta
me la he encontrado hace un rato,

así que cojo el Recado
que uso para escribir,
y busco el verso adecuado,
juntar presente y pasado
de esta Natalia Martín,

de joven era gimnasta
de las que lanzan las mazas,
luego una dice ¡basta!,
y la rutina te aplasta,
y estas cosas siempre pasan,

después "Aparejadores"
y hoy por La Zagaleta,
con cuatro rotuladores,
seis planos y una carpeta,
pero sus ratos mejores
los pasa con los actores
cuando por fin interpreta,
y se escucha entre rumores:
¡está la sala repleta!,

... y por Vigil de Quiñones
alguien te llama Poeta.