A Evita González, o la espera de Hipócrates

Voy a intentar un poemita
de algo que no es baladí,
esta es la historia de Evita,
la hija que tuvo Rosita
y el almirante Fabí,

es la historia de una chica
que estudiaba Medicina,
y aunque aún no se publica,
su título está ya en la plica,
a la vuelta de la esquina,

la única que sabe más
que de música su padre,
y si mira para atrás
busca quien quiera jugar
y que de paso le ladre,

sus amigos a su lado
para ir andando el camino,
un abuelo en el tejado,
la abuela, que se ha quedado,
y su pupitre en Teatinos,

y no hago este poema
porque haga sus deberes,
solo salvo de la quema
a quien no conozco apenas;
pero mi hija la quiere.


La vida es una caja de bombones

La vida es como una caja,
una caja de bombones,
el tiempo no se relaja,
y la vida sube y baja,
como un parque de atracciones,

la vida es como una caja,
una caja de bombones,
a veces se nos descuaja
y ya nada nos encaja...
y hay que buscar soluciones,

la vida es como una caja,
una caja de bombones,
así que mejor te relajas
¡tú no ves con la cajara
que vivía el propio Forrest!

A Manuel Caracuel, que nació con buen Calzado

Su padre vendía gaseosa,
desde la calle Las Flores,
Manuel era una mariposa
de esas que no hacen gran cosa
y quieren que les ignoren,

cuando empezó la carrera
andaba con su guitarra,
y tenía sala de espera
para todo el que trajera
dudas de la pizarra,

Manuel siempre tuvo aspecto
del que va en su propio mundo,
hasta que hizo un proyecto
de carrera tan perfecto
que Tesla quedó segundo,

jamás volví a verlo yo,
solo sé que cruzó el charco,
... la mariposa voló,
fijo que alguien lo cogió
y la conserva en un frasco,

desde Marbella emigraron
dos tipos con dos cojones,
el Caracuel por un lado
y un tal Vigil de Quiñones,

y en Gaseosas Calzado
un anciano lo recuerda,
contento de haberle dado
consejo de haber estudiado
para salir de la mierda,

por si no lo has encontrado
está con lo ojos cerrados
(el segundo por la izquierda).