La mirada

El padre estuvo cien años
hablándole de los Beatles,
"que estos tíos son oro en paño,
que yo se de lo que hablo,
no me hagas que te grite",

el niño pasaba mucho
y tenía otras preferencias,
decía "cartucho, cartucho,
que yo no te escucho"
y oponía su resistencia,

y en una tarde en Madrid,
se alinearon los planetas,
McCartney que viene aquí,
se congregan veinte mil
y el colega va y lo peta,

y mientras todos transpiran
y se rozan con los codos,
el hijo se vuelve y se gira
y mira al padre de otro modo,
y entonces el hijo suspira
y sabe que no era mentira,
que aquel padre al que ahora mira
siempre había acertado en todo.





A Juan Ramón «el Pollo», o la sonrisa de un niño.

Ya no es aquel que fuera,
ya no campa por sus fueros,
ya son muchas primaveras,
ya se retiró a su aldea
el que fuera Caballero,

ha corrido por la banda,
nadie ha batido su marca,
ayer lo vi con bufanda,
con los que fueron su panda,
dice que ha visto a la parca,

me dijo que habían hablado,
le dijo que no tenga prisa,
que del cáncer se ha salvado,
que el cielo ahora está petado,
que si eso ya le avisa...,

y a mí siempre me ha gustado
aquel que viene a mi lado
... y me trae una sonrisa.

A los Mellizos de Montellano

Resulta que no son mellizos,
resulta que son gemelos,
y que con cielo plomizo,
volviendo de algún bautizo
con seis DYC cortos de hielo,
la cigüeña, el voladizo...
o no saben si los frenos,
el azar o alguien quiso
traerlos en dos pañuelos,

uno es Antonio, otro Carlos,
son tela de buena gente,
no sabrías diferenciarlos
si quisieras intentarlo
cuando los tengas enfrente,

y cuentan que una tarde,
de esas tardes eternas
en que huyen los cobardes
y el valiente, sin alardes,
sabe que pierde una pierna,

se escuchó una voz serena
retumbando en Montellano
que decía: "No tengo pena,
solo quiero un alma buena
que me traiga ya a mi hermano"

y eso merece un poema,
y eso ahora es lo que hago.