La esquina está triste, a Marcos Evangelista.

Ya no encuentro su sonrisa
cuando giro por la esquina,
y en 5 minutos, sin prisa,
me hacía aquella Bianca lisa,
... aquella pizza tan fina,

ya no escucho ¡Víctor Hugo!
cuando él gritaba al verme,
pero fui un tipo suertudo
que conocerle sí pudo,
aunque ahora ande inerme,

ya no rezuma alegría,
ya no veo a Rafaella,
ya no escucho la ironía
con que mi amigo reía,
ya no te cobra Pamela,

y aquella esquina gafada
abrirá más restaurantes,
pero es como esa espada
que solo el Rey Arturo sacaba
de aquella piedra flamante,

solo Marcos la cuidaba
como él sabía hablarle.


A Sergio Narro, aunque nadie lo ve.

Se queda en el centro del campo
y empieza a pasar la pelota,
pasa el balón disfrutando
sin parecer que hace algo,
pero esas cosas se notan,

todos se acercan a él
y él la toca con sigilo,
pero aunque nadie lo ve,
la jugada está en su pies
(este Xavi cero-seis
con ese rictus tranquilo),

Lamine Yamal pa correr,
y Narro para el estilo.





A la Calle Lobatas, o queda en Marbella una calle (dibujo de Arturo Reque)

Queda en Marbella una calle
que sube de Sur a Norte,
la luz del sol siempre sale
y no le falta un detalle,
es calle para un recorte,

cien macetas en el suelo,
las paredes encaladas,
los coches no dan canguelo,
si hoy paseara mi abuelo
no notaría nada,
y pediría un gazpachuelo,
en ese Gallo sin vuelo
que es restaurante y posada,

y si un guiri la transita
haría un selfie con testigos,
y compraría una postalita
de este dibujo perita
que un día le hizo mi amigo,

Lobatas, calle bendita,
es poco lo que te digo.