Si un día se me fuera la cabeza

Si un día se me fuera la cabeza,
intenta recordarme como ahora,
un tipo que a pesar de la pereza,
si era pa tomarse dos cervezas
juntaba a sus amigos sin demora,

que perdía el tiempo, sumo y sigo,
intentando mantener ratitos buenos,
que sabía que caía en el olvido
esa frase que dolía por castigo
la típica de ¡a ver si un día nos vemos!,

que nunca supo nadar...
y menos guardar la ropa,
que le encantaba eso de brindar,
feliz si disfrutaban los demás,
pendiente de si había vino en tu copa,

que siempre interrumpía
cada vez que uno le hablaba,
y lo que tú ahora darías
porque te interrumpiera un día
y no verle esa mirada,
y no sufrir la agonía
de ver que aquel que querías
ya no se acuerda de nada,

si un día se me fuera la cabeza
no sientas por tu amigo alguna pena,
tú búscame mi puzzle de dos piezas,
y recuerda que te digo con certeza
que siempre nos salvamos de la quema,

y que yo, mientras bebía una cerveza,
disfrutaba al escribir este poema.


A Álvaro de la Cruz, o a ritmo de baquetas

... lleva la risa consigo,
nunca sabe dónde aparca,
feliz tras un objetivo,
disfruta cuando te encuadra,
creo que es feliz por castigo,
y junta a aquellos amigos
con los que tuvo una banda,

voló a Santiago de Chile,
allí conoció a su pareja,
y de su madre recibe
un mensaje que le aqueja:
tu padre ha encargado ¡ dile
que le quiere quien le escribe,
si despertar no me dejan !,

volver, y volver pa volver
con Yarolay y con Guillermo,
después de Martín nacer
y así ser testigo pa ver
qué es el esfuerzo materno,

y aún retumban por Barco
el sonar de las baquetas
de aquel que cruzó el charco,
puso la vida en un marco
y triunfó con Los Saeta,

es en bolígrafos parco
... y nunca lleva libreta.