A Antonio Alamino, el arte en la puerta.

Hay gente que te saluda
y este mundo ni se inmuta,
hay otros que se la suda
y en esta vida tan cruda
hasta con esto disfrutan,

... lleva dos camisetas
aunque sea pleno verano,
carga con las maletas,
deja el coche en la cuneta
y da al cliente la mano,
mira de forma discreta
el listado que le damos
y dice con mucha jeta
¡Buenos días, Sr. Fulano!,
las propinas aceptamos
¿efectivo o con tarjeta?,
Bizum también trabajamos,

y a mí me encanta la gente
que te busca una sonrisa,
porque es algo diferente,
y en este mundo demente,
en que todo es de repente
es muy bueno que esto exista,

y dicen que Antonio muere
por las dos cosas que ama,
ver si MBappé se mueve,
pone el balón donde quiere
y el Madrid de nuevo gana,

... y que algún beso le diere
la que se llama Triana.








A Houdaifa El Haraoui, el joven viejo.

Creo que tiene dos carreras 
y que habla cuatro idiomas,
se peina de aquella manera
con un cepillo cualquiera
y hoy le dieron un diploma,

a ratos se queda dormido,
le encanta escuchar flamenco,
y entre ronquido y ronquido
se arranca con un quejido
y entonces lo ves despierto,

es español en Marruecos
y aquí lo tildan de moro,
y así no encuentra su hueco,
ni su flow ni su respeto,
ni su forma ni su modo,

va a Jerez de vez en cuando
y pone a su padre contento,
y disfruta en un tabanco
con su Camarón cantando
por la leyenda del tiempo,

... y yo le diría a su padre
que tiene un hijo decente,
y que este mundo se abre
a la gente que es amable
y mira al mundo de frente,

y hace de forma impecable
un Daily Pocket diferente.










A Gonzalo Solana, el Decano tranquilo

... y Gonzalo es el decano,
el de la voz más pausada,
madrileño campechano,
tiene los ojos cansados
pero alegre la mirada,

creo que bajó primero
a alguna isla canaria,
pero allí no lo entendieron
y entonces lo devolvieron
con la diferencia horaria,

creo que tiene dos hijos
y una mujer que le quiere,
tres duros a plazo fijo,
y la pensión que predijo
cuando acabe los deberes,

y con su voz y su planta,
sus modales y su empaque,
Gonzalo se echa la manta
mientras Sabina me canta
y la noche me entra en jaque,

de las noches anda exento
y no por tomar pastillas,
sino porque ese talento
no está hecho pa perderlo
a la luz de una bombilla,

y así de mientras yo aprendo
y él descansa de la silla.