A los Calvin, un buen día.

Hay en mi pueblo una banda
de esas que tocan versiones,
cinco cabezas calvas,
metiendo ritmo a mansalva
con su elenco de canciones,

dos guitarras, bajo y voz,
... y otro a la batería,
surtido de pop y rock,
un choque pal cortisol
y unas horas de alegría,

dan más bolos que Bisbal,
delante de mil puretas,
es todo cantar y bailar
por Seguridad Social,
Perales, Tequila, Planetas,

y cinco calvetes que un día,
se juntaron pa ensayar,
han puesto la sintonía
a un pueblo que se moría
por bailar pegado al mar,
y han quitado la agonía
y han dejado el disfrutar,

porque Julio ya decía
que hay que vivir el día,
pues la vida sigue igual.

A Guillermo Ortega Alegría, «Ahora que»


Ahora que anoche lo vi
emocionado en Mairena,
por fin le voy a escribir,
para que pueda decir
que por fin tiene un poema,
porque el último día que leí
él vino a verme en faena,

dicen que a veces llora
con los versos de un canario,
cuentan que se enamora
de esa voz ruda y sonora
que se sube al escenario,

un buen amigo de Hugo
al que siempre presta cama,
dos ojos bajo un felpudo,
una casita extramuros
y una sonrisa ufana,

Alegría es buena gente
o eso me dice mi instinto,
que todas las letras siente,
que Quevedo vive a muerte,
y quisiera ser el Linton,

un tipo que no frontea,
y va con la frente alta,
que en las letras se recrea
y sin que Hugo le vea,
llora apoyado en su espalda,

y que una tarde, en Mairena,
canta, ríe, llora y salta.






A Mónica Vallejo, 50º

Hoy llega a la quinta planta
aquella niña "piojosa",
que tanto La Línea le encanta,
y que Ana dice tantas
veces que es muy graciosa,

al final no tuvo fiesta
y lo intentó varios meses,
simplemente está pospuesta,
en cuanto consiga la orquesta
y los mellizos regresen,

se queda con sus amigas
y con su futuro yerno,
y con un juglar fatiga
que a veces la castiga
con los versos de un cuaderno,

que disfrutes los cincuenta,
coge habitación con vistas,
porque el tiempo ya descuenta,
y algunos vamos a tientas;
mas tú eres equilibrista.