A Paco Muro, Otto Walter en las venas.

Es un poema aplazado
porque en su día no salió,
a veces se tiran los dados
y no sale el resultado
y eso le da más valor,

ojos listos, barba rala,
gran comunicador,
toma el control de la sala,
herramientas desembala
mientras te hace mejor,

histriónico exacerbado,
un Charles Chaplin con voz,
recursos ilimitados,
ejemplos relacionados
que es como aprendes mejor,

vive lo que transmite,
Otto Walter en las venas,
repite, repite y repite,
y no le importa un ardite
pues él disfruta en escena,

la vida ganó un consultor,
ganó un Cid con su Tizona,
que vive el "Show must go on",
que transmite y emociona,
y en mi modesta opinión,
ganamos al formador...
más perdimos la persona,

me quedo con el chaval
que su padre hacía poemas,
con quien me supo enseñar
que el orar también se entrena,
con quien me supo esperar
para meterme en faena,
con un señor que al final
fue honesto sobremanera,

y aquel que en Galapagar
un día tuvo que saltar
pa que un toro no le diera.











A los Calvin, un buen día.

Hay en mi pueblo una banda
de esas que tocan versiones,
cinco cabezas calvas,
metiendo ritmo a mansalva
con su elenco de canciones,

dos guitarras, bajo y voz,
... y otro a la batería,
surtido de pop y rock,
un choque pal cortisol
y unas horas de alegría,

dan más bolos que Bisbal,
delante de mil puretas,
es todo cantar y bailar
por Seguridad Social,
Perales, Tequila, Planetas,

y cinco calvetes que un día,
se juntaron pa ensayar,
han puesto la sintonía
a un pueblo que se moría
por bailar pegado al mar,
y han quitado la agonía
y han dejado el disfrutar,

porque Julio ya decía
que hay que vivir el día,
pues la vida sigue igual.

A Guillermo Ortega Alegría, «Ahora que»


Ahora que anoche lo vi
emocionado en Mairena,
por fin le voy a escribir,
para que pueda decir
que por fin tiene un poema,
porque el último día que leí
él vino a verme en faena,

dicen que a veces llora
con los versos de un canario,
cuentan que se enamora
de esa voz ruda y sonora
que se sube al escenario,

un buen amigo de Hugo
al que siempre presta cama,
dos ojos bajo un felpudo,
una casita extramuros
y una sonrisa ufana,

Alegría es buena gente
o eso me dice mi instinto,
que todas las letras siente,
que Quevedo vive a muerte,
y quisiera ser el Linton,

un tipo que no frontea,
y va con la frente alta,
que en las letras se recrea
y sin que Hugo le vea,
llora apoyado en su espalda,

y que una tarde, en Mairena,
canta, ríe, llora y salta.