A María Luisa Abadía Gallardo (encargo de Farmacia Saralegui)

Te extrañamos, María Luisa,
nadie ocupa tu lugar,
el fuego se hace ceniza
y siempre, siempre, sin prisa,
el río llega hasta el mar,
la vida que se armoniza
y no la podemos cambiar,

fuiste aire de repente,
fuiste maestra en la escuela,
fuiste ese trato decente
que siempre para la gente
quiso la buena de Adela,

despachando mil recetas,
fuiste dejando tus trazos,
nunca parabas quieta,
nunca hubo una rabieta, 
tan solo eternos abrazos,

de tanto comer pasteles,
se hizo dulce tu mirada,
dicen que en los vergeles
de ese jardín que ahora tienes
duermen de noche las hadas,

que nunca pierdas tu gracia,
que seas feliz con tus perras,
los de arriba se congracian
con quien con tanta eficacia
se abraza como la yedra,

y ya sabes que en tu farmacia
la puerta nunca se cierra.

A Javier García Ruíz, acero toledano

Aún se añora en los tablones, 
a uno de esos profesores 
que era luz en las tinieblas, 
mil quinientos madrugones, 
quince mil evaluaciones 
cuando estuvo en Bocanegra, 

de niño jugaba en la plaza 
a la sombra de Angelines, 
que entre mantones y tazas,
siempre tenía una hogaza 
y un rincón entre cojines, 

... evitando la rutina 
destila un trato sincero, 
en San Pedro, en cada esquina, 
lo tratan de caballero, 
lo que empieza lo termina, 
y vacila de vitrina, 
vikingo entre colchoneros, 

dice quien le conoce 
que sabe más que el diablo, 
que te gana con el roce, 
que trabaja más de doce,
y que es feliz con el goce 
de Conchi, de Javi y de Pablo, 

frisa ya con los sesenta, 
siempre tuvo un trato humano, 
y aunque no los aparenta, 
eso me dicen y cuentan 
algunos de sus hermanos, 

un tipo que no se fragmenta, 
... cual acero toledano.

La flor en el desierto, o a Lucía

Hay flores que nacen en bosques
y crecen de forma grácil,
no saben ni cómo ni porque,
van con la vida a remolque,
... y eso es fácil,

hay otras que en el desierto
lo tienen un poco más duro,
tienen un futuro incierto,
la vida es un libro abierto,
el mundo un sitio inseguro,

pero esta florecilla
entre las rocas se cuela,
y ves como brilla y brilla,
y si choca con astillas
no creo ya ni le duelan,

y al final llegó a la orilla,
aún hay rastros de su estela,
me alegro por esta chiquilla
que siempre hizo cuadrilla,
con su tío y con su abuela.