A Lola Avisbal, o Málaga en Madrid.

Hace meses, el azar,
me llevó entre Sol y Parla,
donde me iban a enseñar
el arte de dominar
herramientas para usarlas,
tratar con quien debe mandar
y conseguir ayudarla,
mas no había arena del mar
y no podía pisarla,

Lola no era alumna mía,
la recuerdo con coleta,
te decía ¡buenos días!
cuando andaba pizpireta
y en el centro se ponía
intentando estarse quieta,
y con el frío que yo tenía
te traía toa la alegría
que había en la Malagueta,

yo no le hago este poema
porque yo le deba nada,
sino por ser gente buena
que ayuda a la gente tocada,

a veces subiendo el peldaño,
voy de nuevo y me resbalo,
y me dijo ¡no te engaño,
mañana es tu cumpleaños,
voy a moverte un regalo!






A María Luisa Abadía Gallardo (encargo de Farmacia Saralegui)

Te extrañamos, María Luisa,
nadie ocupa tu lugar,
el fuego se hace ceniza
y siempre, siempre, sin prisa,
el río llega hasta el mar,
la vida que se armoniza
y no la podemos cambiar,

fuiste aire de repente,
fuiste maestra en la escuela,
fuiste ese trato decente
que siempre para la gente
quiso la buena de Adela,

despachando mil recetas,
fuiste dejando tus trazos,
nunca parabas quieta,
nunca hubo una rabieta, 
tan solo eternos abrazos,

de tanto comer pasteles,
se hizo dulce tu mirada,
dicen que en los vergeles
de ese jardín que ahora tienes
duermen de noche las hadas,

que nunca pierdas tu gracia,
que seas feliz con tus perras,
los de arriba se congracian
con quien con tanta eficacia
se abraza como la yedra,

y ya sabes que en tu farmacia
la puerta nunca se cierra.

A Javier García Ruíz, acero toledano

Aún se añora en los tablones, 
a uno de esos profesores 
que era luz en las tinieblas, 
mil quinientos madrugones, 
quince mil evaluaciones 
cuando estuvo en Bocanegra, 

de niño jugaba en la plaza 
a la sombra de Angelines, 
que entre mantones y tazas,
siempre tenía una hogaza 
y un rincón entre cojines, 

... evitando la rutina 
destila un trato sincero, 
en San Pedro, en cada esquina, 
lo tratan de caballero, 
lo que empieza lo termina, 
y vacila de vitrina, 
vikingo entre colchoneros, 

dice quien le conoce 
que sabe más que el diablo, 
que te gana con el roce, 
que trabaja más de doce,
y que es feliz con el goce 
de Conchi, de Javi y de Pablo, 

frisa ya con los sesenta, 
siempre tuvo un trato humano, 
y aunque no los aparenta, 
eso me dicen y cuentan 
algunos de sus hermanos, 

un tipo que no se fragmenta, 
... cual acero toledano.