De niña, su padre en casa jugaba a que la ignoraba, hacía como que repasa, y luego con mucha guasa parecía que se olvidaba, y ella se va dando cuenta que aquella niña de antes dejó de ser Cenicienta de una manera lenta a los ojos de su padre, ahora es Jorge el que clama porque ella le recuerde, y cuando se pone el pijama si no la viera en su cama dice: ¿Chelo, a qué hora vuelve? y ahora ella es quien controla el sosiego de un abuelo, y con solo decir ¡Hola! ya su padre se consola y ya duerme sin desvelo, sin un día ella encontrara a su padre sin sosiego, sería ella quien se acercara y besándole en la cara le diría ¡cuenta de nuevo!
Categoría: RETRATO
A Juan Antonio Lapeña Cifuentes, o el primer saludo
Abajo de mi oficina, en la entrada, un mostrador, y detrás de él se hacina con una cara cetrina lo que yo llamo un señor, allí lo verás sonriente currando de sol a sol, Juan es un tipo decente que cobra cinco con veinte cada aguja del reloj, todo el mundo lo conoce, nunca te pone un mal gesto, no creo nunca tenga un roce, en todas las horas (doce), que suele echar en su puesto, llega a su casa de noche para cenar con su hijo, no encontró sitio pal coche y nunca puso un reproche, por no tener parking fijo, luego plancha su camisa, del color de la rutina, y así siempre, de esta guisa te encuentras con su sonrisa ... auténtica y matutina, le gusta recoger setas y disfrutar de su Iván, y detrás de una chaqueta puedes ver la silueta de un currante de verdad.
A Ana Montes, donde habita el olvido.
Sabe más por lo que calla que por lo que a veces te dice, una sonrisa canalla, quizás restos de metralla, quizás también cicatrices, siempre dispuesta a ayudarte tiene esa voz de mamá, que cuando ibas a acostarte iba a la cama a taparte y viajabas a NuncaJamás, lleva las redes sociales, en eso es la jefa y dueña, y usa cien decimales y algoritmos especiales pa´darte una contraseña, mil geranios, cien gardenias, un vergel en la terraza, un Asier en la academia, un hombre con quien congenia y un perro que nunca caza, siempre tiene una sonrisa, siempre transmite descanso, solo tiene una premisa: Dios nos salve de los mansos, como ya dijo Sabina: llevaba ojeras malvas y barro en el tacón, y cuando la noche termina, cuando ya despunta el alba ... sale desde Alcorcón.

