A María Iglesias, 21

De niña, su padre en casa
jugaba a que la ignoraba,
hacía como que repasa,
y luego con mucha guasa
parecía que se olvidaba,

y ella se va dando cuenta
que aquella niña de antes
dejó de ser Cenicienta
de una manera lenta
a los ojos de su padre,

ahora es Jorge el que clama
porque ella le recuerde,
y cuando se pone el pijama
si no la viera en su cama
dice: ¿Chelo, a qué hora vuelve?

y ahora ella es quien controla
el sosiego de un abuelo,
y con solo decir ¡Hola!
ya su padre se consola
y ya duerme sin desvelo,

sin un día ella encontrara
a su padre sin sosiego,
sería ella quien se acercara
y besándole en la cara
le diría ¡cuenta de nuevo!














A Juan Antonio Lapeña Cifuentes, o el primer saludo

Abajo de mi oficina,
en la entrada, un mostrador,
y detrás de él se hacina
con una cara cetrina
lo que yo llamo un señor,

allí lo verás sonriente
currando de sol a sol,
Juan es un tipo decente
que cobra cinco con veinte
cada aguja del reloj,

todo el mundo lo conoce,
nunca te pone un mal gesto,
no creo nunca tenga un roce,
en todas las horas (doce),
que suele echar en su puesto,

llega a su casa de noche
para cenar con su hijo,
no encontró sitio pal coche
y nunca puso un reproche,
por no tener parking fijo,

luego plancha su camisa,
del color de la rutina,
y así siempre, de esta guisa
te encuentras con su sonrisa
... auténtica y matutina,

le gusta recoger setas
y disfrutar de su Iván,
y detrás de una chaqueta
puedes ver la silueta
de un currante de verdad.






A Ana Montes, donde habita el olvido.

Sabe más por lo que calla
que por lo que a veces te dice,
una sonrisa canalla,
quizás restos de metralla,
quizás también cicatrices,

siempre dispuesta a ayudarte
tiene esa voz de mamá,
que cuando ibas a acostarte
iba a la cama a taparte 
y viajabas a NuncaJamás,

lleva las redes sociales,
en eso es la jefa y dueña,
y usa cien decimales
y algoritmos especiales
pa´darte una contraseña,

mil geranios, cien gardenias,
un vergel en la terraza,
un Asier en la academia,
un hombre con quien congenia
y un perro que nunca caza,

siempre tiene una sonrisa,
siempre transmite descanso,
solo tiene una premisa:
Dios nos salve de los mansos,

como ya dijo Sabina:
llevaba ojeras malvas
y barro en el tacón,

y cuando la noche termina,
cuando ya despunta el alba
... sale desde Alcorcón.