A Nicolàs Valiente (la coma junto al punto)

Pasea casi un metro noventa
con una genuina sonrisa,
anda de forma lenta
y casi nunca se sienta,
él más bien te supervisa,

Nico es de esas personas
que sonríe con la mirada,
tiene una boca guasona
cuya sonrisa raciona
pa´ ocasiones señaladas,

y dicen que no abandona
jamás a sus camaradas,
y no te lo digo en broma,
Hugo esto lo gestiona,
y si mi hijo así razona,
yo no me meto en nada,

son como el punto y la coma
son formidables personas,
a Quevedo siempre entonan
y nunca van separadas.

A María Iglesias, 21

De niña, su padre en casa
jugaba a que la ignoraba,
hacía como que repasa,
y luego con mucha guasa
parecía que se olvidaba,

y ella se va dando cuenta
que aquella niña de antes
dejó de ser Cenicienta
de una manera lenta
a los ojos de su padre,

ahora es Jorge el que clama
porque ella le recuerde,
y cuando se pone el pijama
si no la viera en su cama
dice: ¿Chelo, a qué hora vuelve?

y ahora ella es quien controla
el sosiego de un abuelo,
y con solo decir ¡Hola!
ya su padre se consola
y ya duerme sin desvelo,

sin un día ella encontrara
a su padre sin sosiego,
sería ella quien se acercara
y besándole en la cara
le diría ¡cuenta de nuevo!














A Juan Antonio Lapeña Cifuentes, o el primer saludo

Abajo de mi oficina,
en la entrada, un mostrador,
y detrás de él se hacina
con una cara cetrina
lo que yo llamo un señor,

allí lo verás sonriente
currando de sol a sol,
Juan es un tipo decente
que cobra cinco con veinte
cada aguja del reloj,

todo el mundo lo conoce,
nunca te pone un mal gesto,
no creo nunca tenga un roce,
en todas las horas (doce),
que suele echar en su puesto,

llega a su casa de noche
para cenar con su hijo,
no encontró sitio pal coche
y nunca puso un reproche,
por no tener parking fijo,

luego plancha su camisa,
del color de la rutina,
y así siempre, de esta guisa
te encuentras con su sonrisa
... auténtica y matutina,

le gusta recoger setas
y disfrutar de su Iván,
y detrás de una chaqueta
puedes ver la silueta
de un currante de verdad.