A Jaime Díaz, el fiel escudero de Hugo

A veces en esta vida
va la vida y te sorprende,
y a mitad de la partida
ves salir de su guarida
de pronto un pequeño duende,

que se acerca a despedirte
cuando recoges las velas,
que viene con Hugo a decirte:
!que tengas suerte en la escuela!
... y luego te hace reirte
cuando abrazan a la abuela,

Y ahora sé por qué mi Hijo
a él lo eligió de escudero,
porque todo importa un pijo
cuando naciste prolijo
en achuchones sinceros,

Yo no tengo su sonrisa
y no la puedo regalar,
solo estos versos sin prisa
y este poema hecho trizas
tengo para compensar.

A Fernando Pérezagua, el Haddock de Marbella

...un capitán sin barco,
un vigía de los puertos,
el único bueno de Narcos,
un tipo que salta los charcos
de este mundo tan incierto,

un buen hijo siempre al quite,
con la ayuda de su Ericka,
un tío que aguanta el envite
aunque en el agua tirite
y las olas le salpican,

dice que no es ingeniero,
que él es marino mercante,
ya no hay tipos tan sinceros
en un mundo puñetero 
hastiado de tanto tunante,

al lado del corazón,
las secuelas de un mazazo,
un gran hombre que era un Don
le dio su último adiós
fundiéndose entre sus brazos,

...y en unas gradas al sol,
hay tres tipos con melena,
viéndose un Monster of Rock,
son Haddock, Perea y yo,
mientras Iron Maiden suena.



A Raúl Blanco Guillén, el escudero a la sombra.

Llega sobre las cuatro,
y llena el bar con su arte,
y a la hora que da el flato
ya ha tocado a rebato
dispuesto a agasajarte,

vino de tierras pacenses
o lo echaron (nadie sabe),
y antes que te lo pienses
saca un Fireball sin suspense
y ya te ha puesto el jarabe,

controla toda la barra,
las mesas afuera del bar,
ha llenao todas las jarras,
ha servido a las cigarras
y te ha dado de yantar,

este bar está de moda
y lo merece, con honra,
por un dueño que es un yoda,
una chica encantadora
y un escudero a la sombra.