A SuperPaqui

Luce su media melena
cubriendo unos ojos oscuros,
a solas vuela y entrena,
se pone su capa, serena,
y ella vuela, te lo juro,

Creo que vino de Kryptón,
donde le dieron su capa,
y cuando hay un marrón
Paqui presiona un botón
y los problemas los tapa,

tiene un Min que siempre corre
en carreras solidarias,
un Javier que la socorre,
y esas fueron sus dos torres,
sus columnas necesarias,

y tiene en su Noe un cariño
de esos que ya no quedan,
el que solo te da un niño
cuando ríe y te hace un guiño
con toda las ganas que pueda,

y luego llega al trabajo
reventada de volar,
te trata con agasajo,
hace todo del carajo
con un talante ejemplar,
y luego planeando bajo
regresa a Galapagar,

y yo cojo ventanilla
y voy aprendiendo, sin prisa,
de verla currar en su silla
y verla cómo organiza,

y siempre me maravilla
que bajo la mascarilla
siempre tiene una sonrisa.












A Araceli, del Yuyu´s bar

Luce un moño con estilo,
y una sonrisa innata,
y mientras yo el bar perfilo
voy notando con sigilo
que esta no es una novata,

hay gente que va despacio
y gente que ves con tablas,
que ya pasan del prefacio,
ya no creen en San Pancracio
y lo notas cuando te hablan,

luce un moño con estilo,
y se te acerca serena,
y no pregunta qué pido...
va y te dice: ¡lo he leído
y me encantó tu poema!

y a uno que es agradecido,
ya lo puso en un dilema,
y hoy estos versos zurcidos
he salvado de la quema.

A Francisco López Benítez, el Springsteen de Almería

Un joven Manolo Escobar
que tiene trazas del Boss,
dos hijas que vienen por par,
una ciudad junto al mar
y un coche cero emisión,

un perro con nombre de actor,
que se asusta con las olas,
y junto al congelador
una especie de reactor
(una freidora que mola),

... una mirada noble,
un pelo que yo quisiera,
siempre te paga el doble,
sin dobleces, sin redobles,
de forma harto sincera,

tiene una tez morena,
y me mira desde el fondo,
y yo espero la sirena
a ver si de una vez suena
y por fin termina el rondo,

y allí en el centro del ring,
cuento las hostias por pares,
y al fondo veo un mastín
que prepara el botiquín
y levanta los pulgares,

un Boss pendiente de mí,
y yo al fin me siento Clarence,

y por ponerle a esto un FIN,
la moto de Steve McQueen,
añorando ver los mares.