Allí por donde el Vendrell en tierras de Tarragona, sin pancarta y sin cartel hay quien expande el bien, lo comparte y lo pregona, Dice siempre lo que piensa y piensa en aquí y ahora, cuentan que tiene dispensa, pa´ hacer del amor defensa y por eso se hizo escritora, Si Anna se cae, se levanta, y se vuelve a la Salida, dicen que Egipto le encanta, que entre risas siempre anda, y siempre la ves divertida, Gusta de ser maestra… aunque ella enseña sin aula, tiene a izquierda y a diestra los músicos de su orquestra, que se llaman Joan y Paula, Allí por donde el Vendrell en tierras de Tarragona, cuando yo empecé a caer, vino y me puso una red y me hizo mejor persona.
Categoría: RETRATO
A Órfilo Manuel Aranda Lara, parando al bicho.

A Órfilo no lo conozco, pero es amigo de amigos, así que hoy desenrosco la pluma y monto el quiosco y voy a ver lo que digo... un currante de ingeniero con planos, plotters y casco, y planchado en el ropero un karategui torero pa´ bajar al burladero haya sol o haga chubasco, una cámara de fotos siempre dispuesta a enfocar, un Nacho de copiloto ( un tirillas terremoto ) en edad de no parar, un tipo que hace versiones a la guitarra y al piano, y le echa dos cojones y arrincona en los rincones a un bicho de esos insanos, un tipo que ha decidido después de esta puta pandemia, luchar y luchar, sumo y sigo, con el mundo por testigo con la jodida leucemia, con su cinto bien ceñido y el cariño de su Zenia, yo estos versos le he zurcido, con respeto y con la venia.
A Pilar Merino, la lechera de Santo Domingo

Era una niña riojana que llevaba una lechera, y cantaba siempre ufana, en esa edad temprana en que eres feliz de veras, pero un día por el monte el lobo se le acercó: ¿quieres ser mi consorte?, espero que no te importe, ... seremos felices los dos, y a partir de aquella fecha no fue feliz casi nunca, y lo que era una sospecha prendió despacio la mecha (la vida a veces se trunca) y ella vino a esta vida para cuidar del rebaño, y dentro de su guarida no entre el lobo a escondidas y no les hiciera daño, yo la recuerdo riendo bajando Valentuñana, parece que la estoy viendo luego en La Concha leyendo mirando por su ventana, regando su eterno vergel que asomaba a la piscina, y allí en el rincón aquél con Candi al atardecer las dos juntas en la esquina, y vimos su último aliento los tres que estuvimos allí, y yo esto no me lo invento, lo cuento porque lo vi, y vi como ella, de dentro, nos hizo esperar un momento y luego la vimos partir diciendo: ¡ quedaos contentos y estad tranquilos por mí ! PD: y si fuera otra vez niña no llevaría lechera, pasearía un simple globo, y no iría por la campiña, y así de forma certera esquivar al puto lobo.

