A Pilar Merino, la lechera de Santo Domingo

Era una niña riojana 
que llevaba una lechera,
y cantaba siempre ufana,
en esa edad temprana
en que eres feliz de veras,

pero un día por el monte
el lobo se le acercó:
¿quieres ser mi consorte?,
espero que no te importe,
... seremos felices los dos,

y a partir de aquella fecha
no fue feliz casi nunca,
y lo que era una sospecha
prendió despacio la mecha
(la vida a veces se trunca)

y ella vino a esta vida 
para cuidar del rebaño,
y dentro de su guarida
no entre el lobo a escondidas
y no les hiciera daño,

yo la recuerdo riendo
bajando Valentuñana,
parece que la estoy viendo
luego en La Concha leyendo
mirando por su ventana,

regando su eterno vergel
que asomaba a la piscina,
y allí en el rincón aquél
con Candi al atardecer
las dos juntas en la esquina,

y vimos su último aliento
los tres que estuvimos allí,
y yo esto no me lo invento,
lo cuento porque lo vi,
y vi como ella, de dentro,
nos hizo esperar un momento
y luego la vimos partir
diciendo: ¡ quedaos contentos
y estad tranquilos por mí !

PD:
y si fuera otra vez niña
no llevaría lechera,
pasearía un simple globo,

y no iría por la campiña,
y así de forma certera
esquivar al puto lobo.




Diario de un optimista (a mi tío Manolo)

Nacer en tierras de Cái,
si es posible un 2 de julio,
y al ritmillo del Tangai
responder "lo que queráis",
y ser un buen contertulio,

Contar chistes de corrido,
y vivir de buen talante,
ser un tipo divertido,
y si te hubieras morido
resucitar al instante,

Y no son cosas casuales,
esto son superpoderes,
superpoderes reales,
solo digo que lo iguales,
... no que me lo superes.

Hay tipos que son geniales,
suerte tienes si los vieres.

A Juanma, el Padrino

Gafas de pasta, barba rala,
un taco siempre en la boca,
siempre se guarda una bala,
por si la vida se enroca,
... la Caja Rural le avala,
mientras los fuegos sofoca,

Va con sus gafas y barba
por ir más de tipo duro,
y yo creo que esta adarga
es más una inútil carga,
como en Berlín aquél muro,

y yo sé que dentro guarda
a sus amigos por baldas,
seis ratos por si hacen falta
y un talante cojonudo.