A Sara Ferreira, taytantos.

No la conozco de nada,
para qué voy a mentirles,
pero es fin de semana
y la verdad, tengo ganas…
y no sé a quién escribirle,

así que aquí va mi regalo
por si fue su cumpleaños,
y aunque los versos sean malos,
la foto sí tiene un halo,
y con eso hice el apaño,

es un poema sin encargo
(creo que se llama Sara),
lo escribí pues me hago cargo
que aquél a quien llaman “largo”
se doblaría sin embargo
si algo a ella le faltara,

un padrazo en un letargo,
padre e hija cara a cara.

A Carlota Fernández, que siempre tuvo su rey mago.

Cuando yo la conocí, 
aún estaba en su infancia,
el mundo era más baladí,
Gaspar estaba ya allí,
y la calle era Finlandia,

era una niña inquieta
pegadita a un tabernero,
supongo que pizpireta,
supongo que entre croquetas
supongo que desde enero,

siempre fue mi sitio aquel,
el que siempre prefería,
la carta a mano, en papel,
una Mahou siempre fría,
dos vinos para escoger,
datáfono nunca había,
donde nunca hubo café
y la tortilla se abría,

hoy Gaspar se ha retirado,
algo Lento pero Torpe,
pero ha dejado un legado
que Carlota ha heredado,
y lleva con regio porte,

mi sitio recomendado...
bajando el Francisco Norte.







A Jesús Ávila Díaz, el niño grande

Gasta una cara de pillo
y tiene tablas de adulto,
la mirada de un chiquillo,
paciencia de monaguillo
y la suerte del novillo
al que dieron el indulto,

calla todo lo que sabe,
mira todo lo que ve,
y antes que el mundo acabe
quemará todas sus naves,
para no volver después,

y es que hay gente en esta vida
que te jode la existencia,
y otros dicen mil paridas
la hacen más divertida,
y le destapan la esencia,

la hacen menos aburrida,
... y ahí está la diferencia.