No la conozco de nada, para qué voy a mentirles, pero es fin de semana y la verdad, tengo ganas… y no sé a quién escribirle,
así que aquí va mi regalo por si fue su cumpleaños, y aunque los versos sean malos, la foto sí tiene un halo, y con eso hice el apaño,
es un poema sin encargo (creo que se llama Sara), lo escribí pues me hago cargo que aquél a quien llaman “largo” se doblaría sin embargo si algo a ella le faltara,
un padrazo en un letargo, padre e hija cara a cara.
Cuando yo la conocí, aún estaba en su infancia, el mundo era más baladí, Gaspar estaba ya allí, y la calle era Finlandia,
era una niña inquieta pegadita a un tabernero, supongo que pizpireta, supongo que entre croquetas supongo que desde enero,
siempre fue mi sitio aquel, el que siempre prefería, la carta a mano, en papel, una Mahou siempre fría, dos vinos para escoger, datáfono nunca había, donde nunca hubo café y la tortilla se abría,
hoy Gaspar se ha retirado, algo Lento pero Torpe, pero ha dejado un legado que Carlota ha heredado, y lleva con regio porte,
mi sitio recomendado... bajando el Francisco Norte.