A Jesús Ávila Díaz, el niño grande

Gasta una cara de pillo
y tiene tablas de adulto,
la mirada de un chiquillo,
paciencia de monaguillo
y la suerte del novillo
al que dieron el indulto,

calla todo lo que sabe,
mira todo lo que ve,
y antes que el mundo acabe
quemará todas sus naves,
para no volver después,

y es que hay gente en esta vida
que te jode la existencia,
y otros dicen mil paridas
la hacen más divertida,
y le destapan la esencia,

la hacen menos aburrida,
... y ahí está la diferencia.

El Tito Marcos quiere brisa

El Tito Marcos quiere brisa,
y volver a Santa Fé,
catorce millones de pizzas,
dos mil quinientas sonrisas
y tres pizzerías después,

quiere volver a su origen
y andar por su condominio,
hay cosas que no se eligen,
que simplemente se dicen
y que se hacen vaticinio,

jugar allí al dominó
mientras vuelcan el tablero,
y preguntar ¿qué pasó?,
¡nada, alguien disparó!
y volver a jugar de nuevo,

quiere volver a su casa,
donde era un niño rechoncho,
ya no quiere hacer más masa,
quiere llamar cuando pasa
libre un tipo en motoconcho.

Hubo un tiempo en otros tiempos (a Ana Mari Moyano en su 82 cumpleaños)

Hubo un tiempo en otros tiempos
en que mirabas el mar,
todo pasaba más lento
y no te ponías al momento
a hacer una foto y colgar,

la vida era más genuina,
no creo que más aburrida,
el agua era cristalina,
la gente charlaba tranquila
en una barquita en ruinas,

se entendían las miradas,
todo a la vieja usanza,
no había que hacer más nada,
solo ir jugada a jugada,
basados en la confianza,

la foto no sé si ya existe,
la barca serán maderos,
el mar es el mismo que viste,
ella está hoy algo más triste
pues ya no está el Caballero,

lo que no pueden quitarte
es lo que él te decía,
esas palabras con arte
que aquel caballero andante
a Dulcinea le decía.