A Daniel Yagües ( Yuyu )

Creo que llegó de Madrid,
donde fundó Golpes Bajos,
cruzó las tierras del Cid
y sin chanchullos ni atajos
se convirtió en adalid
de una banda del carajo.

Le gustan Los Enemigos
(en el jergón os maldigo),
liaba cigarros de yerba,
el Atleti, sumo y sigo,
un rato con sus amigos,
las mujeres por castigo,
la política de izquierda,
la birra con o sin trigo
y la vida con testigos…
El resto es sólo una mierda.

Los tiempos del Sierra Blanca,
la mítica barra del Trébol,
y hoy a trancas y barrancas
ya no somos dos efebos:
Ya se asoman la petanca
los bastones y el canguelo.

Y hoy te agradezco de veras
aquél día que, con tu gata,
me invitaste a Las Palmeras,
me abriste cinco o seis latas,
me diste un festín de primera.

Y es que en una época ingrata
… fue brisa de primavera.

Al abuelo Trueba II (o el rey depuesto)

Hoy se subió al estrado
y ha puesto firmes a todos.
Hoy de nuevo ha demostrado
que para salir airado...
hay que aguantar al mono.

Y después de tantos años
ya casi nada le enerva,
conduce bien al rebaño
con sus vocablos de maño
y enamora a la caterva.
Y en el último peldaño
se siente un coacher huraño
como aquel rey de la selva.

Y entonces llega a su casa
y arroja su maletín,
allí se apoltrona y descansa
encima de su cojín,
y advierte unos ojos con guasa
en rostro de querubín.

Y repara en que no sabe nada,
y que esta vida cretina
vale solo por las babas
que este viejo tragaldabas,
mientras ella le miraba,
soltaba por las esquinas.
Y con la cabeza agachada
hacia la niña se inclina,

Y le dice:¡Te esperaba,
tú debes de ser Cristina!

Al abuelo Trueba I (o las lágrimas de Charles Bronson)





Él iba de tipo duro,
de director de orquesta,
un tío de esos, te lo juro,
que te daba cierto apuro
te sacara a la palestra.

Usaba unas gafas raras,
no sé de dónde las trajo
y deslizaba su mirada
mientras te escaneaba
entero de arriba a abajo.

Él iba de tipo duro,
dando las clases en Otto,
y no cometo perjuro
si hoy afirmo y aseguro
que es una flor de loto.

Él iba de tipo duro,
de Charles Bronson sempiterno,
hasta que un buen día el muro
quebró frágil e inseguro
cuando a este mundo, inmaduro
llegó el segundo Guillermo.