Mira que encuentro gente
a mis ya más de cincuenta,
algunos andan decentes,
otros son muertos vivientes
y otros son lo que aparentan,
pero hay en Marbella un gachó
con una mirada traviesa,
que creo que es corredor;
pero no de maratón ...,
sino de currar en la mesa,
un caballo ganador
desde aquel Santa Teresa,
que aguanta el frío y el calor,
que le da igual fuese o fuesa,
y dicen que el otro día
bajó hasta aquí Jordi Hurtado,
creyendo que era ironía
lo que le habían contado,
y se fue con alegría
después de haber constatado
que esa inmortal dinastía
ha encontrado su legado,
... y termino ya el poema,
que me voy volviendo abstracto,
y sé que es verdad de la buena
que tiene un reloj de arena
que reza: ¡no vale la pena!
de cuando sellaron el pacto.
Nadie es profeta en su tierra,
así que uno se va fuera,
coge un día una maleta,
dos mudas y una raqueta
y catorce madalenas,
cierra despacio la puerta
y sale por donde las Eras,
y llega a un sitio nuevo
con su deje castellano,
echándole un par de huevos
y escapando del talego
llega a Marbella un verano,
y se llega al Paco Cantos
y le asignan una pista,
le pagan la hora a tanto,
y le dan un adelanto
porque ven que es un artista,
y a veces el karma te llega
después de ir dando tumbos,
y hoy es feliz en Marbella,
y ya le han puesto su huella
en la mejor ofi del mundo,
y gracias de nuevo, colega,
por lo que enseñaste a Hugo.
Dicen que en cada lugar
hay algo que lo representa;
para mi, en esta ciudad
hay un icono sin par
desde los años ochenta,
no le gusta destacar
y él nunca tuvo la culpa,
las cosas no son por azar,
a veces te viene a tocar,
¡Señoría, no hay más preguntas!
yo más que entre profesores,
lo veo donde el mar zozobra,
... como esos pescadores
con barba rubia y con gorra,
que en el cuarto de motores
cuelga el ¡papá, no corras!,
y pone a tope Briatore
cuando el velero amorra,
y un icono es eterno,
si hoy llueve o el sol brilla,
si hoy es verano o invierno,
o si un cariño fraterno
viajó hasta las Maravillas
(no es justo que mientras duermo
me quiten una costilla),
cuando amaine la tormenta,
con los dedos sobre el traste,
tendrás la púa dispuesta,
y volverá a sonar la fiesta,
con esa secuela honesta
de La Leshe que Mamate.