Poesía empresarial

A Samantha Vega, a la sombra de Keith Richards.

Detrás de todo gran hombre
(no sabemos si es el caso)
hay alguien que no se esconde
y que llena medio vaso,
permítanme que hoy les ronde
y les rime con retraso,

ellos son dos cigarras
que pululan los juzgados,
él vive de su guitarra,
y de noche canta y narra
por baretos olvidados,
camisas de hoja de parra
y sombrero ladeado,
como aquel Pedro Navajas
que tanto habremos cantado,

ella acuesta a su prole
y le sigue a verlo actuar,
llega y le dice ¡ole!,
como hacen los españoles
si algo te empieza a gustar,

él le brinda el quinto toro,
que es la de Los Planetas,
y le guiña con decoro,
mientras ella, con los codos,
va empujando entre puretas,

y al fin de los bises varios,
ella está llena de dicha,
y se sube al escenario
y le grita: ¡pa notario,
dame un beso, Keith Richards!

Ha vuelto la Normalidad

Yo me asomaba al balcón
a las ocho de la tarde,
y allí estaba la afición,
más que en los Rolling Stones
o en un pregón del alcalde,

... luego videoconferencia;
lo menos tenía tres o cuatro,
que entraban con cadencia
y las hacía con prudencia,
enfocando el aparato...,
no me vieran la indecencia
de ir en bata y sin zapatos,

y en los tiempos de pandemia,
cuando el mundo se acababa,
la vida era más bohemia,
y tengo de una academia
una orla aún enmarcada
de un control de alcoholemia,
que en esos días aprobabas,
y el tiempo se las ingenia 
pa´ volver a las andadas,
y ahora solo hay gardenias,
ya no hay vecinos ni nada,
espero hasta ocho y media
y digo: ¡saldrán mañana!

y en estos tiempos normales
que ojalá que no se vayan,
hoy he vuelto a los anales
a ver los cariños reales
que surgieron en batalla,
aquellos abrazos joviales
que dábamos por pantalla.




A Guillermo Saló, o entre cuerdas y trastes.

Llegó de tierras Porteñas,
este maestro de niños,
de esos que cuando te enseña
lo hace dándote leña
mas mezclado con cariño,

luce perilla y bigote
y un tupé hecho de cerdas,
y sin que nadie lo note
va templando el capote
y va afinando las cuerdas,

dejó de ser funcionario,
dejó de ganar cuatrocientos,
y se subió al escenario,
donde toca temas varios
ante un público contento,

llegó de tierras Porteñas,
este maestro de escuela,
y aún por las noches sueña
con una sirena sureña
que al alba recoge las velas,

mientras pergeña y pergeña,
hasta que las yemas duelan.