Poesía empresarial

El fin del mundo

Soltaría las mochilas,
pondría un bafle en la arena,
y luego haría una pila
poniendo en una gran fila
todos nuestros problemas,

cogería a nuestros padres
y los pondría a cubierto,
y a eso de media tarde
les daría unos echarpes
pa´ protegerlos del viento,

y los niños a su bola
que disfruten sin mayores,
aquarius y coca cola,
les quitaría las consolas
a esos marditos roedores,

con todo bajo control
abriría una cerveza,
y bajo la luz del sol
marcaría el primer gol
de remate de cabeza,

pondría música ochentera
brindaría con todo el mundo,
me acercaría a tu vera
pa´ invitarte a la primera,
antes de ir dando tumbos,

que no faltara comida,
que no se apagara la luz,
que hubiera siempre bebida
y una cara conocida,
y si puede que seas tú,

y que cada uno aguante
lo que buenamente pueda,
que no esté prohibido el cante,
que estemos de buen talante
que al final es lo que queda,

y que vivamos la vida
hasta que ésta esté muerta,
y al terminar la partida
el último que en pie siga
que cierre despacio la puerta.







La cajera

La vi cobrando en la caja,
un sábado ya muy tarde,
cuando uno se relaja,
cuando ya nadie trabaja,
salvo el que curra de balde,

tenía la cara cansada
y las manos hechas triza,
con las gafas empañadas
me miró muy educada,
resurgiendo de la nada,
naciendo de las cenizas,
con una chapa doblada
enganchada en la camisa,

pasó códigos de barra
y me ordenó los avíos,
era una humilde cigarra
que a su trabajo se agarra
para así evitar el frío,

me dijo treinta con veinte,
yo treinta y uno le di,
dio un gracias entre dientes,
yo la miré de frente:
¡no, no, gracias a ti!

hoy déjenme que la miente,
espero que hoy haga puente
y pueda un rato dormir.






A José Federico Barcelona, el lego durmiente.

Pelo blanco, barba tiza,
oriundo de La Unión,
jubilado aún en liza
que tu tedio ameniza,
con un libro y un sillón,

debió éste ser buen profe
dando clases en Granada,
de esos legos que escoges
porque al final reconoces
que disfrutaste en la grada,

me explicó un día que durmiente
es lo mismo que traviesa,
que sirven para que asienten
de una manera paciente
esas vías del tren tan gruesas,

y así asientan sus cuentos
y su libro Transterrados...,
debemos estar contentos
que no se resguarde del viento
en hogar de jubilados,

y que nos siga escribiendo,
y le den, si está pidiendo
tinta, resma y aún recado.