Poesía empresarial

Qué feliz

Qué feliz era de chico,
aunque no tuviera un chavo,
hasta los poco, poco y pico,
desde primero hasta octavo,

qué feliz viviendo al día
sin pensar en el mañana,
viviendo con la alegría
de hacer todo con ganas,

dos deberes y un problema
ya fuera de lengua o mates,
y zumbando por la puerta
sin recoger ni el petate,

qué feliz era de crío
y qué alegre mi mirada,
no tenía calor ni frío,
no había ni pista ni grada
qué feliz vivía el tío,
qué feliz era sin nada.

A Antoñito Lovera, 52º

Se sabe todas las letras 
del más grande de la historia,
y donde había antes coleta
ahora camina un pureta 
con corazón y memoria,

dos ojazos siempre azules,
mirando hacia el infinito,
cuerda pa´ que regules,
brocha pa´ que rotules
y entre medio un cigarrito,

a las siete de la tarde
da de mano y llega a casa,
un perro que ladra en balde,
su mujer que le resguarde
y una espalda que ya abrasa,

y este es mi hermano payo,
que hoy soplará las velas,

y si no sufre un desmayo
mientras hace los ensayos,
tú y yo a finales de mayo,
y Sabina en el Carpena.

A Inma Alcántara, desayunando con diamantes (cortesía de Raquel Sánchez)

Pelo corto, ojos gastados
y una mirada hilarante,
feliz por los cuatro costados
después de haber superado
uno de esos galopantes,

resiliente,
luchadora,
superviviente
a deshoras
y dicen que buena gente,

enseña a Lucía a vivir
por esta vida azarosa,
y está dispuesta a invertir
lo que pueda compartir
creando camino con diosas,
y dicen que suele reír
y que es risueña y jocosa,

pelo corto, ojos gastados
y una mirada hilarante,
y a la hora en que los hados
vuelven por los tejados,
la mentora ha preparado
desayuno con diamantes.