Qué feliz era de chico,
aunque no tuviera un chavo,
hasta los poco, poco y pico,
desde primero hasta octavo,
qué feliz viviendo al día
sin pensar en el mañana,
viviendo con la alegría
de hacer todo con ganas,
dos deberes y un problema
ya fuera de lengua o mates,
y zumbando por la puerta
sin recoger ni el petate,
qué feliz era de crío
y qué alegre mi mirada,
no tenía calor ni frío,
no había ni pista ni grada
qué feliz vivía el tío,
qué feliz era sin nada.
Se sabe todas las letras
del más grande de la historia,
y donde había antes coleta
ahora camina un pureta
con corazón y memoria,
dos ojazos siempre azules,
mirando hacia el infinito,
cuerda pa´ que regules,
brocha pa´ que rotules
y entre medio un cigarrito,
a las siete de la tarde
da de mano y llega a casa,
un perro que ladra en balde,
su mujer que le resguarde
y una espalda que ya abrasa,
y este es mi hermano payo,
que hoy soplará las velas,
y si no sufre un desmayo
mientras hace los ensayos,
tú y yo a finales de mayo,
y Sabina en el Carpena.
Pelo corto, ojos gastados
y una mirada hilarante,
feliz por los cuatro costados
después de haber superado
uno de esos galopantes,
resiliente,
luchadora,
superviviente
a deshoras
y dicen que buena gente,
enseña a Lucía a vivir
por esta vida azarosa,
y está dispuesta a invertir
lo que pueda compartir
creando camino con diosas,
y dicen que suele reír
y que es risueña y jocosa,
pelo corto, ojos gastados
y una mirada hilarante,
y a la hora en que los hados
vuelven por los tejados,
la mentora ha preparado
desayuno con diamantes.