Poesía empresarial

A Mario Nieto, que sigue vivo.

Siempre vive en el alambre,
nunca piensa en el mañana;
pero nunca pasa hambre
y disfruta en el enjambre
como una boda gitana,

él es el duro más tierno,
es el canalla más culto,
lo largaron del infierno,
pues no quiso ser subalterno
y montó dos mis tumultos,
le daban calor los cuernos
y lo echaron insepulto.

... así que aún sigue vivo,
y le han repartido más cartas,
hoy tengo un rato y le escribo,
lo cuento entre mis amigos,
esos que están si hace falta.


El Niño

Un niño me dijo un día:
¡Voy a seguirte un rato!
Si no tienes compañía...
¿Te parece?, ¿hacemos trato?

Y desde entonces lo tengo
pegadito a mi costado,
él nunca me pide nada,
yo nunca nada le he dado

Es bueno que alguien te siga
por si pierdo mis despojos,
de vez en cuando me mira,
me hace un guiño de reojo

Me gusta tener al canijo,
es para mí una victoria,
recordar cuando me dijo
que le gustan mis historias

A Lucía Cela, o el peso de Napoleón.

Dos ojos siempre al acecho,
un cinto cargado de balas,
a cargo de los pertrechos
pa´ que todo quede hecho
esta eterna generala,

en la esquina más oculta
suele apostar su caballo,
desde allí todo lo ausculta,
luego condena o indulta
(más lo segundo, subrayo)

te mira con media mirada,
siempre tiene algún detalle,
baja al campo de batalla
para ver que nada falla
y sin que nada soslaye,

y cuando se marcha su paje
sueña en hacer las maletas,
colgar de una vez el traje,
ver a sus hijos y nietas,
contemplar el oleaje 
sentada en la playa, quieta,

bajarse ya del caballo,
buscar dónde bien atarlo,
recoger a su guayabo,
y decirle de soslayo:
¡¿vivimos la vida, Carlos?!