Tengo amigos que me duelen del cariño que me dan, llegaron con una "L", buscar mi sosiego suelen y hasta entonces no se van. Me colman de gozo el alma sin pedirme nada a cambio, me van proveyendo de calma, el corazón me lo ensalman, tengo a tope el incensario. Yo paso de redes sociales y de dar ningún Me Gusta, yo amo esos cuates leales que son incondicionales, y estas rimas eran justas.
Poesía empresarial
A Carmen Hernández (entre animales y tartas)
( a cambio de dos torrijas ) Cuatro gatos en su casa, tres perros y una jirafa, un niño con mucha guasa, un marido sin carcasa y una niña que se zafa. Carmen es una Noé que va moviendo los hilos, y que viendo lo que ve, se refugia en un pastel horneando con sigilo. Altruista y repostera, amiga de sus amigos, o cuadras a la primera o sales por peteneras; ella es clara por castigo. Y yo le escribo estas letras no por hacer la pelota, mas porque en una libreta queden las cosas que peta y no se pierdan las notas. Gatos, perros y recetas, reyes, caballos y sotas.
Supermán en el hospital (nunca supe su nombre)
Yo me creía un tipo guay porque era del montón, y si miras lo que hay, tal como está el tangai, hay gente que vale un mojón. Pero ayer fui al hospital que es donde no hay que ir, mi mujer estaba mal y no quería verla sufrir. Y en la camilla de al lado había un hombre forzudo, ... con el pelo rasurado siempre a su madre pegado, mientras él se hacía menudo. Él la decía : ¿mamita, la giro del otro lado?, ¿quiere que le eche cremita en los labios agrietados?, no sufra, esté tranquilita, ¿la vuelvo de este costado?, era una escena contrita que me tuvo ensimismado. Escuchándolo me dijo que era un cáncer galopante, y que nunca como hijo podría ser él tan prolijo como con él fue su madre. Y hoy ya sé que Supermán no se cambia en la cabina, ni en un cómodo diván, lo vi ayer con todo su afán luchando tras una cortina, sin capa, sin diazepam, sin nolotil, sin morfina.

