Poesía empresarial

A Mercedes Gonzalo (la última hada), IN MEMORIAM

Ya no hay nadie en la cochera,
ya no está su pelo blanco,
tampoco su estirpe sincera
en su silla, allí en la acera,
cuando a veces paso andando. 

Son personas de otros tiempos,
con la piel ya muy curtida
por el sol y por el viento,
por un esfuerzo cruento
por ganar esta partida,
este loable experimento
al que llamamos la Vida.

Solo la vi un par de veces,
y siempre andaba callada,
... una niña que envejece;
pero mantiene con creces
la mirada de las hadas.

Ya no hay nadie en la cochera,
ya no está su pelo blanco,
dicen que un hada buena,
en el cielo, cuando quiera,
tiene su sitio en un flanco.




A Juan Andrés Torres (que ganó al bicho)

Entre La Algaba y Tocina,
por si alguno aún se pierde,
donde Sevilla hace esquina,
vive un sabio en una tina,
boticario en Villaverde.

Tiene un trato campechano
y una plática agradable,
Juan Andrés es tipo ufano,
como un doble sevillano
de aquel famoso Clark Gable.

Aguantó a su suegro en brazos
cuando se le iba la vida,
esa misma que un zarpazo
un día de golpe y porrazo
le dio la afección más temida.

Entonces me dio tres consejos
que son las palabras de un sabio,
que yo ahora a ti aquí te dejo
... a modo de corolario.

Vive siempre el presente,
nunca te enfades con nadie
... y si eres inteligente
tampoco estés nunca pendiente
de cuánto gana el Alcaide.

Entre La Algaba y Tocina,
por si alguno aún se pierde,
me deben en una cantina,
una hamburguesa bovina
y una Alhambra de esas verdes.


A Francisco Montero (engordar para morir)

... él llegaba a su despacho cada día,
dispuesto siempre a dar un buen servicio;
pero ahora solo encuentra la apatía,
malas caras, los reportes, la agonía,
problemas que encontraron un resquicio.

Antaño no pasaban estas cosas,
en el banco se curraba y disfrutaba,
tampoco aquello era color de rosas,
pero sí pasaba una cosa curiosa:
los problemas en la ofi se quedaban.

Y ahora llevas siempre mil mochilas
subiendo por la calle Huerta Chica,
y llegas al Mercado y lo enfilas,
en tu casa tu mujer no esta tranquila,
por mucho que le cuentas y le explicas.

Y tú sientes que todo lo que sabes
se pierde por la falta de paciencia,
de aquellos que sitúan sucursales
sin oír a quien conoce los locales
y tratan de ayudar con su experiencia.

Y al final todo esto tiene pinta
que es mejor callarse y dejarse ir,
tirar de mano izquierda y de finta,

lo tuyo es ya una raza extinta
que dejaron engordar para morir.