Poesía empresarial

A Miriam y Ale ( los Pimpinela digitales)

Este era un dúo Pimpinela
sentado codo con codo…,
lo más parecido a una escuela
por su forma y por sus modos,

Ella le dice ¡Ale,
solo me cabe una duda!,
y le cuenta con señales
aquello que más le apura,

Él la escucha atentamente
y le presta su atención,
para luego cortésmente
darle una solución,

Ella dice ¡no te enfades;
pero no me has entendido!
Tengo dudas a raudales
y en el mismo punto sigo,

El le dice tú tranquila,
hazlo despacio y con tiento:
como ya dijo Bob Dylan
la respuesta está en el viento,
y de reojo la mira
confiado en su talento,

Y Miriam, con cara de póker,
le espeta a su compañero:
¡perdóname que me enroque,
lo cierto es que no me entero!

Y así de lunes a viernes,
desde las siete a las tres,
ni discuten ni se pierden,
(Titanic sobre el bauprés)

Y este poeta en ciernes,
pa´ que el mundo lo recuerde
… solo cuenta lo que ve.

A Plácido Díaz ( mi Sancho )

Frisando yo los cincuenta,
como aquel famoso hidalgo,
cogí mi adarga mugrienta,
e intenté vender al galgo.

Tiré de un vecino mío
que yo sabía buena gente;
partimos al libre albedrío
sin decir los dos ni pío
y a escondidas de la gente.

Y hoy recuerdo a mi Sancho,
que fue mi más fiel escudero,
me economizaba el rancho 
y me guardaba los dineros.

Me enseñó que hay gente fácil
que nunca protesta por nada,
que cogen papel y lápiz,
y con firme trazo grácil
viven de forma abnegada.


Y me enseñó, ¡ay que joderse!
a abrir una simple cerveza,
subido en lo alto de un risco,

Cuando el sol ya va a esconderse,
... la luna se despereza,
y pegas al día un mordisco.

A Ana Saralegui ( o una esquina hacia poniente )

Apellido de taberna,
una farmacia en el Puerto,
una hermana sempiterna
que le ayuda en los entuertos;
... para una mesa fraterna
mejor poner dos cubiertos.

Otra hermana fuera aparte,
un padre al que ahora cuidan
y antes solía zafarse,
y al campo de golf pirarse
para jugar su partida.

Una reforma pendiente
para agrandar la botica,
una esquina hacia poniente
a la que el mar le salpica,
donde curra buena gente
y el buen clima se mastica.

Un trato amable y humano,
una familia afianzada,
y una niña al piano
rodeada de padres y hermanos,
salida de un cuento de hadas.

Si ves a Rocío y a Ana,
con su trato siempre ameno,
verás que nunca hay tangana,
verás que no hay poli mala
y que ganaron los buenos.